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Passy en invierno : Correspondencia

La senda de Pikionis

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Querido J.:

Tenías razón. Aún más con esta espalda mía, que voy mirando al suelo la mitad del tiempo.. El camino que sube a la Acrópolis es una especie de Via Profana por oposición a la Sacra que arranca en los Propileos.

He leído que el arquitecto que lo construyó, Dimitris Pikionis, advirtió a Karamanlis que, como en la antigüedad, necesitaba tiempo para llevar a cabo su obra. Usó la piedra de los edificios atenienses del XIX que fueron demolidos; una destrucción que él consideraba una vergüenza. Se encargó de echar abajo las casetas de recuerdos para turistas del camino y añadió vegetación aquí y allá. El resultado es tan elegante que pasa desapercibido. No se ve. Ni siquiera te das cuenta de lo fácil que es acceder a la colina. El despiece es sencillo porque todas las piedras tienen la misma consideración, sean como sean. Algunas son muy hermosas. Las hay que parecen la base de pequeñas columnas, otras son perfectamente rectangulares y las  que apenas alcanzan a ser un pedazo de ornamento. El paso de los visitantes durante todo el día las ha igualado, dándoles el aspecto de un mármol traslúcido.

El camino no encara los propileos. Entra por su derecha y se desdibuja. En ese momento, olvidas por dónde has venido. Tal es la humildad del dibujo de la senda. Solo después, acabada la visita, entiendes que has vuelto desde un recinto sagrado a la tierra de los mortales, mientras pisas de nuevo los restos ordenados. de lo que fueron palacios, casas, vasijas y decoraciones y que ahora son una larga alfombra.

Te agradezco mucho tu advertencia, porque de no haberme avisado, habría subido al Partenón a tontas y a locas.

Nos vemos pronto,

 

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Akutagawa & Futagawa

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Querida B.:

Leí a pedazos Vida de un idiota. No pude hacerlo del tirón por miedo a caer en la melancolía. Tiene gracia; el libro resulta moderno por disparejo, casi parece hecho de retazos, como los kimonos antiguos pero enseguida te das cuenta de que todo tiene relación: las naranjas y la luz roja del tren, las habitaciones de hotel y la de los domicilios en los que vive Akutagawa. Todos los personajes son él mismo y el mar, en el horizonte… El spleen, la estética y el suicidio me resultan difíciles en la misma coctelera. Aquí, tal vez, con las gotas de exotismo oriental que da la distancia y las que añade, a su vez, las lecturas occidentales de Akutagawa, el resultado es más dulzón, aunque engañoso; como las tiras donde acaban pegadas las moscas en el verano.

 
Solo una cosa me salvó de la tristeza en la que me fue sumiendo la lectura de estos cuentos oscuros. Llegaron unos números de la Rural Houses of Japan cono fotos de Futagawa. Tampoco son la alegría de la huerta, no vayas a creer, pero me sacaron del pozo. Las casas del campo japonés, sin adornos, con todos los muebles recogidos y el hogar a ras de suelo, son tan parcas que animan el espíritu y Futagawa las fotografió como nadie. Así qué terminé el libro con las revistas cerca, por si acaso.  Cuando nuestro amigo se acercaba a la playa con intenciones aviesas o se encerraba en el cuarto del hotel demasiado tiempo, yo salía a tomar el aire unos años después: entre el 58 y el 60.

 
Nos vemos pronto,

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Guerre à la tristesse

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Estimada Sra. Lindo:

Ya no me quedo más de 2 días en sanfermines. El 8 me voy a cualquier sitio. Iba a llover al este y salí camino del Maestrazgo. A 400 km de casa, Pamplona era una altar dedicado a la tortura y la violación. Debería haber viajado sin móvil. Los periodistas más insignes dedicaban sus reflexiones a un puré de toros, alcohol, fiesta y abusos sexuales; una especie de cinta de Moebius en la que no se puede distinguir dónde empieza una cosa y acaba otra. He leído hoy su artículo que ha resultado una especie de guinda, ¡Viva la Cultura! Inevitable recordar el grito de Millán-Astray. Algo más joven que el del general golpista  prefiero el de Inge Morath: Guerre à la trisstesse!

Ese no salir del cascarón, Sra. Lindo, no es un patrimonio nacional. Eche un ojo a la Gran Bretaña y a su nuevo Consejo de Ministros o a la China milenaria. Quitarse de encima los prejuicios es un negocio personalísimo, porque si hablamos en términos de país, sabe usted que nuestras ansias de europeísmo no tienen rival en toda la Unión.

A pesar de lo que dice el vals de Astráin y a no ser que el catetismo sea supino, nadie cree que las de su pueblo sean “en el mundo entero unas fiestas sin igual”. Si los periódicos son incapaces de hacer periodismo de calidad y dar contenido a las páginas de Cultura, es su problema, no el de los lectores. Le recuerdo que en el periódico en el que usted escribe hay una hermosa sección dedicada a la tauromaquia y si la prensa española quiere espejos en los que mirarse, solo tiene que cruzar la frontera o preguntarle a usted acerca de lo que lee en inglés.

“Nunca te olvides de que esto es España” dice usted. Yo tampoco voy a los toros. Dejé de ir no hace mucho. Antes me gustaban. Hasta me sabía algunos artículos del reglamento. Ya no me interesan. Ahora prefiero la pelota. Claro que esto tiene un inconveniente: es más localista, más provinciana. Sin embargo, mientras recorría el Maestrazgo, La Iglesuela del Cid, Mirambel, veía cómo preparaban sus calles para los festejos taurinos. En Cantavieja oí la noticia de la muerte del torero Barrio y también leí las barbaridades de algunos tuiteros. Creo como usted que los toros desaparecerán tarde o temprano porque si está mal tirar una cabra desde un campanario o arrancarle la cabeza a un pato corriendo a galope tendido, la lidia de un animal hasta su muerte tampoco parece de recibo. Todo llegará. (Los mayas dejaron de jugar a la pelota: al que perdía, lo pasaban a cuchillo).

Me parece que aún vive usted en los Estados Unidos de América y aunque es un país hecho de emigración, sabe que ahí sí que puede decirse “Nunca te olvides de que esto es USA”. Cualquier celebración, por no hablar de cualquier invasión patriótica es un buen ejemplo del localismo norteamericano.

Hablaba usted el otro día en la radio del 15% de la población norteamericana: de los negros. Tal y como lo contaba usted y por lo que se ve en las grabaciones de los videoaficionados, si tuviera que elegir, prefiero el toreo, que –por cierto- no es solo un asunto español: Aunque a mi no me verá en sus gradas, las plazas del sur de Francia programan festejos de primer nivel, lo mismo que algunos países centroamericanos.

Si quiere hablamos ahora de los decibelios y el alcohol.  Ya que se cita a sí misma y a los que son como usted, haré  lo propio. En toda mi vida -apenas nos separan 2 años- he estado en uno o dos conciertos de música popular. Prefiero la música clásica. Si Anne-Sophie Mutter toca cerca, igual voy y he recorrido un buen puñado de kilómetros para oír a La Netrebko. Eso no me impide reconocer que el rock es cultura y que su transmisión se produce a base de  decibelios, algo que soporto con mucha dificultad, al contrario que cientos de miles de personas en todo el mundo, desde Central Park a La Défense,  que disfrutan de lo que les gusta a todo volumen. Seguro que habrá visto el documental del concierto de los Beatles en el Shea Stadium delante de 55.000 personas. Sé que le gustan. El equipo de sonido que llevaban para la gira fue insuficiente y “muchas adolescentes y mujeres fueron vistas llorando, gritando, e incluso desmayadas”.

Ese grupo de personas al que usted dice pertenecer y al que con ironía atribuye una “falta de sensibilidad cultural necesaria”, sabe perfectamente diferenciar entre unas cosas y otras.  No es el Lincoln Center ni su orquesta de jazz pero le pondré como ejemplo las cifras que acaba de publicar el Ayuntamiento de Pamplona: “1,5 millones de personas han participado en los actos programados dentro de las fiestas de San Fermín que este año han contado con cinco espacios participativos impulsados por distintos colectivos. En las cifras totales destacan el número de personas que se acercaron a ver los disparos de las colecciones de fuegos artificiales y que sumaron 424.000 espectadores y las que acudieron a las verbenas que han regresado a la Plaza del Castillo (más de 140.000 personas). Otro incremento de público reseñable se ha producido en el ciclo Jazzfermín”. Tal vez no sean actividades a las que Fumaroli daría su placet pero Colina y Domínguez tampoco están mal.

Lo del “desparrame” me parece algo vago, aunque como creo que le entiendo, le diré que no sabe usted cómo lo pasamos. Se disfruta mucho. Ves a amigos con los que no coincides durante meses, paseas por una ciudad irreconocible, blanca y roja, llena de alegría. Una ciudad abierta, dispuesta a disfrutar después de un año de trabajo. Ya sabe usted que san Fermín se celebraba el 24  de septiembre pero por motivos meteorológicos, hace mucho que se decidió adelantar la fecha a julio. Es una fiesta mitad religiosa mitad pagana, como casi todas las fiestas europeas. Ni mejor ni peor. Tan socializadora como todas. Tan desparramada como todas. Con los mismos decibelios que las que se celebran en Berlín. No; no es verdad. Con menos decibelios que las berlinesas. Con la misma producción de basura, con los mismos riesgos, con las mismas grescas, con los mismos hurtos y luego hablaremos de lo demás.

En cuanto a esto de las “Las mujeres que ostentan algún tipo de cargo en la ciudad saben a qué ha respondido este tabú que comenzó a resquebrajarse cuando se produjo el asesinato de Nagore Laffage”, ¿por qué las mujeres? ¿por qué las que ostentan un cargo público? El derecho y la representación política van siempre detrás del ciudadano. Esto es siempre así: el legislador, el político responden –si es que responden- a un clima determinado. Ese tabú se resquebrajó  desde abajo y gracias a eso, este año, en el 87% de los casos las denuncias de abusos o violaciones han terminado con la detención de los agresores.

Desde luego, la prensa no ayuda mucho en todo esto: publica fotos y artículos de hace 4 años, funde locuciones relativas a los abusos con imágenes de parejas que pasean de la mano en sanfermines, da voz a tertulianos como Victoria Lafora que dice “que los jóvenes que corren delante del toro tienen tal adrenalina, se sienten tan machos, tan fuertes porque son capaces de sortear el riesgo de un animal que creen que la calle y las mujeres son suyas” Si además usted refiere cosas como que “a diario se nos ha venido informando de los encierros sanfermineros, que han tenido también su salto a la página de sucesos con las cinco o siete agresiones sexuales denunciadas” comprenderá que el cacao resulta más bien espeso aunque pro domo prensa. Como siempre.

Las fiestas no son sagradas, ni las ancestrales ni las que se acaban de inventar. El dinero es sagrado. Por eso no se denuncia ¿Qué cree usted que pasa en las fiestas de Bayonne, en el Oktoberfest de Munich o en cualquier festival de rock? De los hijos de Woodstock, ni hablamos. Sin embargo, en Pamplona, ahora sí se denuncia y, a pesar del flaco favor que la prensa está haciendo a la ciudad, a la fiesta y a sí misma, resulta gratificante comprobar que hemos aprendido a distinguir y que la Administración apoya y promueve una actitud inequívoca que no tiene que ver con la tradición, con los toros, con la fiesta ni con la testosterona.

La ciudad no se entrega al exceso ni hay necesidad de superar ningún miedo. ¿Miedo de qué? Desde luego yo no puedo decir que durante los años en lo que he participado activamente en la fiesta haya visto cometer ninguna brutalidad. A no ser que pueda ser tenida por tal cosa beber, reir, cantar, bailar o andar de farra hasta las tantas. He pillado trompas de mucho mayor calibre en cualquier otro momento y siempre he tenido la sensación de que la masa estaba en otra parte. El único momento de los sanfermines en que me he sentido parte activa de un grupo numeroso fue en el Riau-riau, cuando de forma más o menos pacífica, empujábamos a los municipales para impedir el avance de la Corporación hacia las Vísperas. Luego, aquello se estropeó. Pero durante unos años aquella forma de protesta contra la Autoridad, fuera del signo que fuera, resultaba gratificante. Todos sabíamos el papel que jugábamos: el munícipe, el policía y el ciudadano. Era la tarde en la que podías empujar. Era la masa, sí, pero una masa que conocía perfectamente sus límites. Solo la política consiguió acabar con aquel juego. Yo también temo a la “masa feroz”. Me provoca pánico. Pero créame si le digo que no la encontrará aquí. Verá el alcohol sin medida como en cualquier sitio: en quien no sabe beber o en quien lo hace por primera vez.

Recuerdo el 78, cuando mataron a Germán Rodríguez. El Ayuntamiento suspendió las fiestas. No hubo dudas:  7.000 disparos de material antidisturbios y 130 disparos de bala. Seguro que usted se acuerda también de la enorme tensión que se produjo. Sí. Hubo luto entonces, como ahora ha habido manifestaciones que han llenado la Plaza del Castillo contra las agresiones. Tampoco ha habido dudas. Pero usted prefiere el batiburrillo. Ese sentirse ajena que proclama, parece más bien aplicable al discernimiento de los hechos. Como a usted y como a mí, los toros no le interesan a un número creciente de españoles. Lo mismo que los decibelios. No digamos si ya hemos cumplido unos años. Parece usted sentirse ajena a que no estamos dispuestos a tolerar los abusos sexuales, a que una cosa y otra no tienen la más mínima relación, a que la mayoría no hemos tolerado nunca el delito y que algunos que descreíamos de la prensa, empezamos a no tolerar los abusos del periodismo.

Ya sabe usted que no es sosa. Aunque tampoco es valiente. Lo que ha escrito usted es simplemente correcto: políticamente correcto. Vamos, lo que se lleva ahora.

Con afecto,

 

p.d. Entienda por favor que los enlaces son para mí. Tengo menos memoria que Dory.

Otra cosa: se habrá fijado que en ninguna de las fotos que la prensa publica a troche y moche, se protege la intimidad de las chicas que enseñan el pecho. Sí, lo hacen voluntariamente. Pero digo yo que, posiblemente, cualquiera de ellas deseará no ser reconocida en las imágenes que circulan en la televisión y los periódicos. Ni un triste rectángulo tapando los ojos. ¿Para qué? ¿Para estropear la imagen?

 

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Oh Zongo, por Dios Todopoderoso, escribe más a menudo.

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Yo soy el señor Lambert Zongo. El director a cargo de la sección de Auditoría de Banco de África (BOA) en Ouagadougou, Burkina Faso. Necesito su ayuda un asunto urgente en la transferencia de una suma abandonada de ($ 19.3 millones) de dólares dejados por un cliente fallecido de mi banco de inmediato a su cuenta.
Si usted está interesado y dispuesto a participar en esta gran oportunidad de negocio, la amabilidad de enviarnos sus perfiles para mí, incluyendo su nombre, su número de teléfono privado para la comunicación fácil.
Le enviaré los detalles sobre cómo se ejecutará el negocio y tener en cuenta que recibirá el 40% de la cantidad antes mencionada si está de acuerdo para que me ayude ejecuto este negocio.
Que el Dios todopoderoso estar con usted en todo momento por lo Póngase en contacto conmigo de nuevo para todos los detalles de esta propuesta, con las siguientes informetions.
Tu nombre completo
Tu número de teléfono
Ponte en contacto conmigo a través de mi dirección de correo electrónico privado
Respetuosamente.
Sr. Zongo.

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Bodas, cigarrillos y Thomas Sauvin

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Querida A.:

¿Qué regalamos en nuestra boda? Ya no se llevaban los puros ¿o sí? A las chicas, peladillas en unas bolsas de celofán. No me acuerdo. Fuimos de mesa en mesa, como se va ahora. Ahora ¿Qué se regala? Hubo unos años en los que se generalizó el pitillo rubio: unos paquetitos de Winston de 10 cigarrillos con los que, como dice san Pablo, no se hacía acepción de personas. Todos fumábamos entonces y unos flajos para la sobremesa era una buena idea; ya había entonces quien se quejaba del tufo de los habanos. Aquellas vitolas con los anillos entrelazados o con las efigies de los contrayentes, eran cosa de ver. Cuántos de esos puros han andado por casa haciendo kirrís-karrás.

Todo esto para decirte que llegó el otro día un librito que habla de las bodas y los cigarrillos al otro lado del mundo. Thomas Sauvin ha publicado una minucia en forma de paquete de tabaco, que contiene Hasta que la muerte nos separe. Las fotos forman parte de un archivo rescatado en una planta de reciclaje en las afueras de Pekín. Mientras las veo, recuerdo el primer cigarrillo que fumamos juntos, detrás de unas matas; recuerdo las marcas que fumábamos cada uno –tú negro y yo rubio-, del tufo en la ropa y de la dificultad para dejarlo. Recuerdo también a mi padre, 20 años después de dejarlo él, una noche de san Lorenzo, en Ortzantzurieta.

-Ahora me fumaría un cigarro-. Dijo, cruzando las manos detrás de la cabeza.

(Más, en Josef Chladek Photobook Blog)

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Sander, Pliego

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Querido L.:

Ya ha llegado la fotografía de Pliego de la que me hablaste. Efectivamente, el parecido con la de Sander es notable, aunque solo aparente. El aire de los personajes es el mismo pero la diferencia no es solo el lugar donde se tomó. Sander sale al camino y nuestros jóvenes vienen al estudio a ser fotografiados. “Vamos a que nos retraten” es ir hacia  la cámara estática, al lugar en el que la decisión de ser fotografiado proviene del sujeto, no del fotógrafo.

No es lo mismo vestirse para ir al fotógrafo que fotografiar a dos jóvenes ataviados para ir al baile de un pueblo cercano. ¿Qué lleva a Sander a buscar esa imagen? Hoy tiene un carácter etnográfico, pero en su día fue tan contemporánea como un selfie y sin embargo Sander es un documentalista que habla de la relación de las personas con el grupo social o profesional al que pertenecen. Esa es su intención: crear una tipología, un colección representativa de quienes viven a su alrededor.

Carlos Cánovas habla en su Navarra/Fotografías del estudio de Emilio Pliego y de la época dorada de estas imágenes en las que el retratado es casi “un mal necesario”, un estereotipo que se muestra como los otros quieren verlo.

Aunque el tiempo no lo iguala todo, el valor de estas dos imágenes contrapuestas reside quizás  en su complementariedad; efectivamente no hay una foto de estudio en la que un cliente vaya a retratarse vestido de albañil con la cara tiznada, pero por una vez, aunque solo sea una casualidad, estamos ante la cámara que es perseguida o persigue a un mismo sujeto.

Gracias por tu aviso. Nos vemos pronto,

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La impureza

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Querido R.:

Compré Underground cuando volví a casa. Lo había visto en alguna estación de tren o en algún aeropuerto y no me pareció el mejor sitio para hacerme con él. Lo leo a ratos, para que no se me atragante. Aunque está bien hilado y no es morboso, cada historia resulta dramática y una sesión demasiado larga, acaba por agobiar.

Ya sabes que si estoy con esto es porque, al menos de momento, soy incapaz de leer acerca de cosas más próximas. Recuerdo cuando devoraba libros sobre la cuestión vasca: acción y reacción. Se estaba bien en la teoría. Luego todo fue tan doloroso.

Lo que sucedió en el metro de Tokio, hace 20 años, a 10.000 kilómetros de distancia, me resulta algo más fácil de leer. Encuentro formas de comprender la vida, el trabajo, las relaciones familiares, el perdón o el odio y me sirve de algo.

Hay un párrafo que te gustará. Lo transcribo después.

Confío en que nos veamos pronto.

“Existe un tipo de marginación invisible en nuestra sociedad. Me refiero a una marginación psicológica hacia las víctimas del gas sarín. Por eso hay personas que tratan de ocultarlo. Sucedió lo mismo con las víctimas de la bomba atómica. No es más que una suposición mía, pero quizás esté relacionado con el concepto de impureza que impera en la sociedad japonesa. Desde la antigüedad, en Japón, se creía que si uno se relacionaba con la muerte o con la desgracia, quedaba impuro y los impuros eran marginados de manera sistemática. Es una tradición que en su momento quizás tuviera sentido. Por mucho que los marginasen, la comunidad cuidaba de ellos. No podían realizar los mismos trabajos, es verdad, pero en cierto sentido les protegían, existían rituales de purificación que, poco a poco, «curaban» esa impureza. El concepto funcionaba con cierta eficacia, ¿no cree?
En la actualidad ha desaparecido ese tipo de funcionamiento comunitario, pero la conciencia de la impureza existe en estado latente. Eso podría ser la causa de la marginación inconsciente. La reacción de la gente es, hasta cierto punto, inofensiva pero para las víctimas eso es muy duro”.

Kanzô Nakano, psicólogo entrevistado por Haruki Murakami en Underground

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Gabrielle Duplantier, Itoiz y el padre Tomás

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12277310_715742928562987_494919476_n12309238_715742911896322_944714282_nMucho antes de que desapareciera bajo las aguas del pantano, el único vinculo que me quedaba con la fe era la iglesia de Itoiz o por mejor decir la misa de los domingos. Iba por el cura. Porque era un tipo que sabía hablar a los vecinos de un pueblo perdido que no estaba en los planes de nadie. No les contaba nada especial pero hacía dos o tres cosas que convertían la misa en un momento agradable: dejaba la puerta abierta, un portalón románico, a mano derecha según se mira al altar y así, el ritmo de la naturaleza entraba en la templo.. Recuerdo un domingo de primavera. Durante la mañana el cielo se había cubierto y para el evangelio comenzó a tronar. Cuando el cura levantó la hostia en la consagración, en ese momento exacto, un rayo cayó a pocos metros de la iglesia. Nadie se inmutó; como si todos entendiéramos que aquello era parte del misterio o del no-misterio.

El sermón parecía siempre el arranque de una charla -jamás había un reproche cristiano- que se prolongaba en el atrio, terminado el oficio. Entonces alguien sacaba un paquete de tabaco. Creo que el cura fumaba Ducados. Sentados en el poyete, a cubierto, frente a Aldunza y muy cerca de donde el Irati y el Urrobi unían sus aguas, encendíamos unos cigarrillos y hablábamos un rato en ese límite arcaico entre lo sagrado y lo profano.

Me acuerdo de todo esto mientras miro unas fotos de Gabrielle Duplantier a las que he llegado por los inescrutables caminos de Facebook. El cura parece el mismo, Tomás Armendáriz. P. y A. me dicen que no es él. Incluso el relato de Gabrielle me hace dudar, pero quiero creer que sí lo es.

Gabrielle me cuenta que llegó a Itoiz cuando empezó su serie de fotografías del País Vasco. Ella había oído hablar de la presa ya construida y de la intensa oposición de los pueblos que iban a quedar sumergidos. Le resultó difícil encontrar Itoiz, porque todas las señales habían sido retiradas, destrozadas o cubiertas con pintura negra. Era –dice- un camino fantasma. “Afortunadamente la iglesia estaba abierta. Una joven del pueblo que estaba allí, en la explanada, nos dijo que solo vivían y trabajaban 3 familias. Se habían sentido traicionados por el Gobierno del que no habían recibido ninguna información sobre la fecha de en la que comenzaría el llenado del embalse y parecía no preocuparse por el reacomodo de sus habitantes. Sus hogares y sus tierras se perderían. Era día de misa, el sacerdote llegó, especialmente de Pamplona para los vecinos. Después de tomar una fotos, nos pidieron, que saliéramos y cerráramos la puerta”.

No hay más. Todo está 200 metros bajo el agua y no es bueno mirar al pasado. Tampoco miro con gusto las aguas del pantano. No hay nada que ver. Solo recuerdo los cigarrillos en el atrio, las golondrinas trisando en el poche Nagore, la poza donde Goñi, el puente colgante de maderas podridas, el canal seco recorrido a pie y el rayo en el momento exacto de la consagración. No hay más. Lo que había me lo ha devuelto Gabrielle con unas fotos.

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José Ramón Anda en Bergara

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carmen-y-jose-ramonQuerido José Ramón:

Ya sabes cómo son las casualidades: llevaba años detrás de una vieja edición de El cementerio marino y no había manera de encontrarla. Hasta el otro día, cuando me llamaste. Fue colgar y venírseme a la mano este ejemplar editado por Alianza que parecía esperar el rescate, ajado y con los bordes amarillos.

Hay un prólogo del propio Valéry en el que habla de algo que me rondaba hacía tiempo: la construcción del poema y por extensión de cualquier obra de arte, a partir de un compromiso con unas condiciones determinadas.

“Cada vez que pienso en el arte de escribir (en verso o en prosa), el mismo «ideal» se me ofrece. El mito de la «creación» nos seduce para querer hacer algo de nada. Sueño, entonces, que encuentro progresivamente mi obra a partir de puras condiciones de forma, cada vez más reflexionadas, cada vez más precisadas, hasta el punto de proponer o imponer casi…un tema o, al menos, una familia de temas”.

“Observemos –dice después- que las condiciones de forma precisas no son sino la expresión de la inteligencia y de la conciencia de que poseemos medios de los que podemos disponer y de su alcance así como de sus límites y sus defectos”.

En tu caso, esos medios tan concretos y de los que no te has apartado durante todo este tiempo, condicionan inexorablemente la idea, la hacen aparecer. Una y otra –idea y representación- resultan inseparables. Cuanta mayor es la exactitud en la forma, más clara resulta la contemplación de la obra. No estoy contra el azar, ya ves: el azar me ha hecho encontrar el texto que buscaba. Tú mismo has llamado Ezustekoa a un par de esculturas en las que la forma previa te llevó a resultados poco previstos. Sin embargo, es el rigor, convertido al final en una aparente sencillez, el que nos permite comprender. “Lo espontáneo –dice Valéry- aunque sea excelente o incluso seductor, nunca me parece bastante mío”.

Miro estas últimas esculturas tuyas hechas de tilo, mientras me explicas cómo has vaciado los troncos enseguida, para que la madera no se estropee. La elección de la métrica: una madera clara, un calibre determinado y la decisión impuesta por la materia que da lugar a un lugar más íntimo. Son esculturas franqueables y casi preparadas para ser colocadas en el paisaje, variantes de aquellos troncos huecos que ahora se abren. De miradores del cielo, pasan a ser lugares que incluyen en sí mismos el contenido al que dan acceso.

Atravesarlas equivale a estar en ellas. En el caso de otras puertas, las tori japonesas o tu propia puerta del parque de la memoria, Atariaren beasarkada , es necesario cruzar su umbral porque funcionan a modo de separación entre el lugar profano y el sagrado. Estas, al contrario, no llevan a ninguna parte, porque todo está en ellas. Cruzarlas es permanecer en ellas y la meditación, el acceso a la idea, no se pospone para un lugar más alejado. Todo proviene de la misma condición, como habría dicho Valéry. La materia impone el tema. O tal vez, consciente o inconscientemente, es el deseo el que busca en la materia. Sea como fuere, el todo resulta mayor que la suma de las partes y así, las nociones más simples se diluyen en favor de un ser–estar, el être francés, una cierta indefinición en lo contemplado a través de la exactitud de las formas.

Tal vez sea la relación profunda entre idea y materia la que hace desaparecer cualquier atisbo de narración y permite que lo abstracto, en su sentido más espiritual, resulte tan evidente. Y eso es lo conmovedor para el que observa, porque no puede dejar de mirar sin mirarse a sí mismo, como en estos versos de nuestro poeta:

“Para mí solo, en mí solo, en mí mismo
Y junto a un corazón, del verso fuente,
Entre el vacío y el suceso puro,
De mi grandeza interna espero el eco:
Es la amarga cisterna que en el alma
Hace sonar, futuro siempre, un hueco”. (1)

Con el deseo de verte pronto,

José Ramón Anda expone en Aroztegi Aretoa. Barrenkalea, 7, Bergara (Gipuzkoa) del 18 de septiembre a l 11 de octubre
En la foto, Carmen Otermin y José Ramón Anda

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Nuevas joyas de la correspondencia moderna

Correspondencia

ABOGADO. HILARY  76. MAIN STREET TORONTO CANADA

Hola

En primer lugar, debo solicitar su confianza en esta transacción, esto es en virtud de su naturaleza como ser totalmente confidencial y secreto. Aunque sé que una transacción de esta magnitud que cualquiera aprensivo y preocupado, pero le estoy asegurando de que todo saldrá bien al final del día.

Mi propósito de ponerse en contacto con ustedes es para que usted pueda ayudar a conseguir los fondos dejados por mi cliente finales, para evitar que se confiscaron o declarados inservibles por el Banco en este fondo valorado EUR 4.800.000.00 (Cuatro millones y Ochocientos mil Euros) por mi cliente antes de su muerte.Tenga en cuenta, que en contacto con usted porque usted tiene la mismo apellido con mi cliente que tarde que depositó el dinero en el banco aquí antes de morir con su familia en 2013.

El Banco me ha emitido un aviso de ponerse en contacto con los familiares o de la cuenta será declarado fuera de servicio y el fondo desvió a la tesorería del Banco, hasta ahora todos mis esfuerzos para conseguir un asimiento de alguien relacionado con mi cliente ha resultado fallido. Por lo tanto, me ha contactado. De hecho, estoy pidiendo su consentimiento para presentar al Banco como el pariente más próximo /
beneficiario del fondo de mi cliente fallecido, ya que tiene el mismo apellido de mi cliente tarde, por lo que los ingresos de esta cuenta se puede pagar a su país cuenta bancaria.

Tengo todas las documentaciones legales para respaldar su reclamo como mi cliente de los familiares, que les proporcionarán. Todo lo que necesitamos es su cooperación sincera que nos permita lograr esta transacción.

Me gustaría señalar que vamos a compartir el 50/50% del fondo después de la transacción. Esta transacción es completamente libre de riesgos. Voy a utilizar mi posición como abogado del cliente para garantizar la ejecución exitosa de esta transacción. Si usted está interesado, póngase en contacto conmigo a Correo electrónico por su respuesta. Si por el contrario desea alcanzar esta meta conmigo, por favor volver a mí con sus datos de contacto e indicar su interés para que pueda aconsejarle sobre este respecto.

Un cordial saludo

Abogado.
Hillary
Canada. 15.09.2015

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El puente sobre el Katsura

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Anímate. Enseguida estamos en casa. Es como el otro día junto al puente sobre el río Katsura. Cómo llovía. Hubo un momento en el que pareció que nunca acabaría de llover. ¿Te acuerdas? Refugiados en el porche de una casa particular, junto al café. Creo que ninguno hizo una foto. Bueno, para eso está internet. Aquí el cielo está despejado y pasa un ciclista. El sol del mediodía ilumina su cara o más bien su borrón legal. ¿De dónde sacaban los de aquella tarde sus trajes para el agua? En cuanto cayó la primera gota, aparecieron de la nada, pedaleando vestidos de plástico amarillo o naranja. Llovía como en las xilografías japonesas, con esas gotas gordas que se ven caer contra el suelo. Ni un solo taxi libre y la parada del autobús, al otro lado de la calle. Mucho más allá, al final del puente, la ciudad. Anímate. En cuatro días estamos en casa.

 

 

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La señora Mblo y las agencias de adopción

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La correspondencia mejora. Esta variante contiene una apelación a un 80% de los sentimientos  humanos: a los más nobles y a los más rastreros.

Doña Poku teclea y se le alegra el corazón.

 

“De la señora Poku Mblo

Soy la señora Poku Mblo Nací el 19 de julio de 1970. Soy viuda y tengo una hija que es de 15 años. Estoy tan feliz de estar escribiendo que este mensaje ya que alegra mi corazón si usted puede compartir mi pasión para comenzar este proyecto que quiero empezar.

Quiero que entiendan que mi estado médico actual no me permite moverme para hacer de este proyecto una realidad, es por eso que necesito su ayuda para que este proyecto viene a través. Mi difunto marido era un comerciante de piedras preciosas, que comprar de de Ghana y Asia y que se reunió con él en el negocio hace 20 años y desde entonces hemos sido capaces de hacer un montón de dinero.

El problema es que mi marido era en realidad un huérfano y ambos se crió en un orfanato en casa y tenemos a nadie para ayudar excepto mi hija que es 15 años de edad. En este momento mi hija tiene 15 años de edad y he sido diagnosticado con una enfermedad síndrome mortal y también tengo un tumor cerebral, ya que es en este momento, el médico de están diciendo que sólo tengo sólo algunas pocas meses de vivir como ser realistas con ustedes tengo decir 1 mes o así que esto es por eso que quiero que hagas esto por mí como una obra de Caridad como no hay nadie para manejar este dinero.

Ahora el fondo se encuentra actualmente en un banco. Os he pedido esto porque quiero que permite recuperar el dinero del banco y la mitad del dinero se debe utilizar en la creación del orfanato y otras instalaciones para ayudar a los menos privilegios por qué la otra mitad del dinero se debe utilizar en la inversión en tu país.

Tenga en cuenta que esta inversión va a estar a su nombre, pero mi hija debe tener 50% de esta inversión. Además, usted tendrá que adoptar a mi hija como a su hijo, ella debe vivir con usted hasta que tenga edad suficiente para casarse y entonces usted puede ayudarla en la construcción de su propia vida, con su parte de la inversión.

Tenga en cuenta que cuando usted acepta esta oferta y acepta adoptar a mi hija como su propio hijo y cuidar bien de ella, voy a presentarte al banco como beneficiario a la cuenta donde el fondo es y te hacen un signatario de la cuenta.

Responda a mí con una copia de su documento de identidad si se acepta esta oferta y por favor no se olvide de que no hay nadie que se ocupe de mi hija por lo que debe adoptar ella como su hijo y debe configurar la infraestructura para atender a la necesitados y menos privilegios.

Siendo bendecido.

Gracias
Sra Poku Mblo”

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PETA, pasar o no pasar.

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peta-2

Querida J.:

No creo que haya sido tu condición de mujer la que te ha impedido fotografiar a los chicos del PETA en el callejón de la plaza de toros. Más bien un conjunto de elementos que no desaparecen de la sesera del personal así les pases un estropajo con agua jabonosa.

personas que se encargan del orden en estos acontecimientos tienden a la bonhomía y no exigen un carné profesional o que te hayas acreditado previamente. Luego pasa lo que pasa. Si; ya sé que, de joven, tu ilusión era fotografiar el encierro para la prensa escrita y que tu condición femenina fue la causa de la negativa del periódico. Me contaste quién fue la primera mujer que se subió al vallado cámara en ristre y que semejante acontecimiento no fue hace mucho. Lo sé, pero lo de hoy era distinto. El de seguridad te ha visto como te ha visto: una falda monísima, bolso grande, mi bolsa de plástico en el antebrazo  y una cámara compacta muy buena pero que parece de pin y pon. A tu alrededor los otros fotógrafos iban vestidos como se visten los fotógrafos, además de llevar al cuello unas cámaras grandes y angulares como la cúpula del Vaticano y teleobjetivos que se miden por centímetros. Claro; así no pasas.

No es que no hayas pasado por mujer. No has pasado por mujer, por no ser excesivamente joven, por no tener pinta de lo que eres, por llevar bolso grande y por sujetarme en el peor momento la bolsa de plástico en la que llevaba la alcachofa de la ducha para cambiarla por otra. La cal: ya sabes. Y sobre todo, no has pasado porque da igual de qué acto, procesión o exhibición se trate: a un tipo que tiene un patrón cerebral determinado no puedes pedirle mucho. Da igual que sea socio del PETA o de la Hermandad de la Pasión. ¿Te acuerdas del juguete de Fisher-Price en el que el niño tiene que encajar en cada hueco el objeto con la misma forma? pues aquí lo mismo. Si tienes pinta, pasas. Si no, no. Es lo que comúnmente se llama prejuicio.

Cuando nos marchábamos, mientras le afeabas la conducta al muchacho en cuestión, él ha hecho un amago de disculpa y ha dicho –más o menos y entre dientes- que no sabía cómo distinguir a un fotógrafo de quien no lo es y que de algo tenía fiarse. Era el momento idóneo para darle con el bolso.

Otro día hablaremos de por qué han dado en ser tan recatados los miembros del PETA. De por qué hacen un cordón de seguridad o impiden el paso por los laterales de la manifestación, excepto si eres fotógrafo o pareces serlo, o por qué las chicas se tapan los pezones con esparadrapo (tal vez por Facebook o por el miedo al uso de las imágenes, no lo sé). El caso es que todo tiende a una ultracorrección parecida a las pescadillas.

 

Nos vemos el lunes, supongo,

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Pena de internet y redención por lo mismo

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152Querido L.:

Gracias por las fotografías de criminales que me enviaste hace unos días. La mezcla de fotografía antigua y rostros tamizados por el pasapurés de tiempo, da siempre un excelente resultado. Quien estuviera detrás de este aparato fotográfico sabía manejarlo con profesionalidad. Conocía bien la luminosidad de su objetivo. Así aparecen los rostros de estos hombres y mujeres, enfocados con tanta finura que los hace únicos. Qué hicieron es lo de menos. El retrato los convierte en personas.

El caso es que tu segunda revelación, la de ayer, me dejó más perplejo todavía. Encontrar archivos antiguos y publicarlos, me parece una forma de añadir recuerdo a la estética o viceversa. Sin embargo el acceso directo a la ficha policial contemporánea resulta una depravación diga de un guionista de Robocop.

Ignoraba que uno pudiera acceder a las fotografías de aquellos a quienes se detiene en los Estados Unidos. No sé si sucede en otros países. Se quejan algunos en España de la pena de Telediario e incluso hay quien quiere evitarla por ley. Un chiste comparado con la página electrónica www.jail.com.

La advertencia al pie resulta un monumento al cinismo:

“La información que se facilita en esta web ha sido diseñada para ayudar a los usuarios a adquirir información sobre las detenciones de la cárcel del condado. El uso de cualquier información que se encuentra en este sitio web para otros fines podría ser ilegal. Si bien se cree que la información es fiable, Jail.com proporciona esta información “tal cual “y no da ninguna garantía o garantías en cuanto a su exactitud. Cualquier indicación de que una persona ha sido detenida o retenida no es prueba de culpabilidad o condena por delito alguno. Tenga en cuenta que es su responsabilidad ponerse en contacto con la agencia apropiada para recibir o comprobar cualquier información de este sitio web. (…) Creemos que hacer accesible esta información ayudará a reducir la delincuencia, asistir a las víctimas en el enjuiciamiento de sus crímenes, ayudar a la identificación y restaurar la confianza del público”…

por supuesto si aparecer en un fichero policial expuesto en internet te causa problemas en cuanto a la honra o al prestigio, puedes pinchar debajo de tu foto y www.internetreputation.com te echará un cable por un módico precio. Todo bien.

Nos vemos pronto.

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Niki & Channel

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Bajar las escaleras del Guguy y acordarme de Frank Gehry es todo uno. ¡Ay! Qué sensación de cojo a mi pesar. No sé qué hacer con los pies: dos en esta pisa, uno en la otra. Miro dónde pongo este y ahora el otro, dónde termina el escalón para comenzar el siguiente. Frank, de verdad: tu museo dará vidilla, pero así te cupieran estas escaleras por el orto. ¿No puede un visitante entrar con cierta elegancia, sin mayores atolondramientos, con la vista al frente, haciendo aquello que tanto nos costó aprender de pequeños, o sea, subir y bajar peldaños?

Veo la expo de Niki de Saint Phalle y a la salida, subo, distraído, con algo más de facilidad: Puppy, al fondo, tiene compañía. Algún contratista con buen ojo ha encontrado financiación para el remozado de una fachada. Las colonias caras es lo que tienen. Confundo los nombres de las modelos. No se quién es quién, todas me parecen la misma. Son como una especie de prolongación quinquenal de la belleza. En los anuncios de algunas revistas, abajo, en tipografía pequeñita pueden leerse sus nombres pero no se me quedan. Hay una con las palas separadas; no tengo ni idea de cómo se llama. Ahora que Kate Moss se retira, creo que puedo reconocerla. Demasiado tarde.

He salido del museo como se sale a la realidad. De Niki de Saint Phalle, que comenzó posando para Harper’s, se exponen en Bilbao sus trabajos más fieros, menos amables. Ella siempre fue hermosa, incluso cuando apoyaba su mejilla contra la culata de una carabina. Enfrente, la modelo que se tapa una teta con el antebrazo, como si temiera el cierre de su cuenta en Facebook, tiene pinta de no ir más allá de la lona en la que está impresa.

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