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Passy en invierno : Libros

Los privilegios del hombre

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«Recomiendo los sueños una vez más; vivimos y sentimos tanto en sueños como despiertos, y aquello es tan bueno como esto. Uno de los privilegios del hombre es que sueña, y lo sabe. Apenas se ha hecho todavía de esto el uso adecuado. El sueño es una vida que, ensamblada con lo demás de nosotros, se convierte en aquello que llamamos vida humana. Los sueños se van diluyendo poco a poco dentro de nuestro recuerdo cuando estamos despiertos; no puede decirse cuándo empieza a estar despierto un hombre».

Aforismos
G.C. Lichtenberg

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Situar el pensamiento

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….

«Cuando en sueños discuto con alguien y él me refuta e instruye, soy yo quien se instruye a sí mismo, es decir, el que reflexiona. Esa reflexión es, pues, vista bajo la apariencia del diálogo. ¿Podemos por lo tanto admirarnos de que los pueblos primitivos expresaran lo que pensaban ante la serpiente, como Eva mediante: «la serpiente me dijo», «Dios me dijo», «mi espíritu me dijo»? Como no sabemos a ciencia cierta dónde pensamos, podemos situar el pensamiento donde queramos. De la misma forma que se puede hablar pensando que lo que se dice procede de un tercero, también se puede pensar como si nos lo hubieran dicho: el espíritu de Sócrates, etc. ¡Cuántas cosas sorprendentes se podrían descubrir a través de los sueños!

Aforismos

G.C. Lichtenberg

Ed. Cátedra

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Confianza y vanidad

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Busqué consuelo en quienes han escrito sobre los pesares que, tarde o temprano, a todos nos alcanzan. Pero cuando te encuentras con quien no se compadece del lector, tus males quedan tan a la vista que enseguida sabes que con nada podrás ocultarte de ti mismo. 

“Gran parte de la confianza -dice Schopenhauer- que depositamos en los demás se debe, a menudo a la pereza, el egoísmo y la vanidad; a la pereza, cuando preferimos confiarnos a los otros por no indagar, vigilar y actuar nosotros mismos; al egoísmo, cuando la necesidad de nuestros propósitos nos empuja a confesar algún asunto; a la vanidad, cuando se trata de hacer algo de lo que nos sentimos orgullosos. En cualquier caso, exigimos que se respete la confianza depositada en ellos.

Sin embargo, nunca debemos molestarnos por la desconfianza porque en ella se esconde un cumplido a nuestra honradez, en tanto que reconoce sinceramente la escasez de esta última, por lo que se la tiene como algo de cuya existencia hay razones para dudar”.

Aforismos sobre la sabiduría de la vida Arthur Schopenhauer Hermida Editores

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Los Derechos del Hombre

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Hace tan buen tiempo en París que no dan ganas de entrar a la feria. Mejor pasear casi a cuerpo gentil por los Campos de Marte. Cuando atardece, junto al monumento a los Derechos del Hombre, un grupo de chicos montan un botellón con una música bien elegida. La construcción tiene un aire entre egipcio y agnóstico. Aunque a esta hora está cerrado, desde fuera resulta acogedor. En casa leo los comentarios que dejan los visitantes en estas páginas donde un puede escupir lo que le plazca: “Un monumento frío, helado incluso que es en realidad una especie de pequeño templo masónico abarrotado de detalles y referencias esotéricas, más o menos escondido en el corazón de París, y que tiene un solo mérito: revelar públicamente la pertenencia de la República Francesa a (la) Masonería”.

Hay mucho escrito sobre la etimología del término masón. Zbigniew Herbert se refiere a ella cuando habla de las catedrales en Un bárbaro en el jardín (pág. 139): “La terminología que se utilizaba para designar a los diferentes artesanos es bastante pobre y confusa. Muchas veces no se basaba en sus funciones sino en la realidad. Así, un término como el inglés hard hewers, definía los artesanos que trabajaban en las piedras pesadas, como por ejemplo las que hay en los alrededores del condado de Kent, a diferencia de los que labraban piedras más ligeras, que se destinaban a las esculturas, y los llamados freestone masons (posteriormente se utilizó el término abreviado Freemason, del que procede el nombre francés franc-maçon, que, no obstante, en la Edad Media no se conocía, y empezó a circular en el siglo XVIII para referirse a la francmasonería)…”

Unos metros al Este del monumento a los Derechos del Hombre, en la calle Bosquet, está Coedition, que es adonde iba. Es lo que tiene caminar sin rumbo. Quería ver la fachada de esta tienda de muebles. No sé si se puede llamar así: tienda de muebles. Me ha hecho recordar aquellas de hace años en las que se exhibían cuadros de ciervos saltando arroyos, perseguidos por perros de caza. Cabeceros de madera oscura y brillante. Cómodas y mesillas. Comprar el dormitorio. ¿Cómo se amueblan ahora las casas? Como se puede, supongo. Como lo hicimos nosotros. Las bombillas desnudas, algunas sillas regaladas.  Oscar Wilde, mientras se marcha de casa de los Proust: – ¡Qué casa tan fea la suya!

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La victoria de lo intrascendente

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«Pero la obra de Christo, en efecto, no es trascendente. No pretende mostrarnos la verdad que subyace bajo las apariencias, más bien se conforma con mostrarnos las enormes posibilidades que ofrece el trato imaginativo con esas mismas apariencias. Esta labor <intrascendente> puede espantar a los críticos amantes de lo épico más incluso que su sospechosa adaptación al mundo real. Pero lo que sin duda les parecerá más intolerable es que su participación resulte innecesaria: los trabajos de Christo tienen una dimensión mediática tan resonante y constituyen unos éxitos tan incontestables que no requieren mediación crítica. Christo ha conseguido imbricar la inutilidad de su esfuerzo con la urdimbre contemporánea, con los ritmos habituales de una sociedad economizada. Su obra resulta desde ese punto de vista, clásica en la medida en que, a diferencia de todo el arte de vanguardia que surge de la contra del sentido común, brota con naturalidad en la ribera de la corriente que arrastra a la misma sociedad y la agasaja con unos frutos que cualquiera es capaz de saborear sin esfuerzo».

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«Su educación socialista no sólo atenúa la suspicacia que despierta esta profesión de cinismo, sino que enfatiza el valor dialéctico de su controversia real y activa con lo dado. Los trabajos en los que Christo fue obligado a participar no trataban de conducir al espectador a otro mundo, de naturaleza espiritual, sino de incidir a través de la ficción en su percepción de la realidad. Los fines de semana era enviado con su cuadrilla a las granjas que bordeaban las vías del Orient Express con la misión de adecentarlas y maquillar su productividad al objeto de que los viajeros occidentales -que difícilmente obtenían otra perspectiva de Bulgaria- apreciaran su prosperidad. Este entrenamiento no sólo predispuso a Christo a trabajar en grupo y en el ambiente real, sino que, seguramente, le hizo meditar sobre el tema del encubrimiento, el escenario y la imagen».

Estrategias del dibujo en el arte contemporáneo. Juan José Gómez Molina coordinador. Editorial Cátedra. Capítulo XIII Nada más profundo que la piel: los dibujos de Christo. Ramón Salas

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La comunicación eficaz

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«Christo no es un artista que goce de una gran reputación en su ámbito profesional, seguramente debido a la espléndida reputación de la que goza fuera de él. La referencia a su obra no falta en ninguna obra importante sobre arte contemporáneo, pero si bien la bibliografía sobre Christo es amplísima, su trabajo no ha dado lugar a una intensa reflexión estética. Quizá porque esta reflexión resulta innecesaria. Él es, posiblemente, el primer artista contemporáneo que ha sido capaz de comunicar sus ideas estéticas inmediata y eficazmente a un público masivo. Sus grandes intervenciones mediante telas en paisajes urbanos o naturales han sido contempladas y disfrutadas en directo por millones de personas a pesar de permanecer expuestas en la práctica totalidad de los casos, menos de tres semanas. Sería incontable la cantidad de público que ha accedido al conocimiento de su obra a través de los distintos canales por los que se distribuye. De manera escrupulosamente privada, Christo no sólo consigue modificar transitoriamente un retazo del mundo, logra, sobre todo, alterar el orden de prelación de los acontecimientos. Su imaginación, su mirada, su modo particular de ver las cosas alcanzado una dimensión pública que le ha puesto en disposición de competir con la monolítica, convencional y estable visión de realidad que difunden las grandes empresas de comunicación».

Estrategias del dibujo en el arte contemporáneo. Juan José Gómez Molina coordinador. Editorial Cátedra. Capítulo XIII Nada más profundo que la piel: los dibujos de Christo. Ramón Salas

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Jersey de camuflaje

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No se oye bien la radio ni el teléfono. Hay interferencias. Hace días que pasa esto. Alguien llama y, entre ruidos, noto que me conoce. Aunque yo no sé quién es, me da a entender que es él quien produce las interferencias y que es fácil espiarme en casa y en el trabajo. Él ha hecho que yo no pueda acceder a algunos expedientes. Cita nombres y quiere verme. A pesar de que parece un chantaje o una venganza, el tipo parece simpático. Quedamos en un centro comercial lleno de pasillos y recovecos con pequeños establecimientos: peluquerías, tiendas de animales, de cosmética. Parecen estar en declive. Entro en una cafetería y me siento a una mesa. Hablo de nuevo por teléfono con mi extorsionador. Mientras lo hago, cabizbajo, miro la mesa y cuando acabo, levanto la vista: tengo sentado frente a mí a un hombre que me mira mal. Sostiene un libro: -Váyase-. Me dice. En el imperativo está implícito que él estaba allí antes de que yo llegara, pero yo no le había visto. Me doy cuenta de que su jersey es del mismo color que el del hombre que está de espaldas detrás de él. Uno había quedado camuflado en otro. Me levanto y me voy.

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Los rostros fugaces

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«Si como decían los griegos la filosofía nace del asombro, lo que Benjamin ilumina es un tipo esencial de asombro, específicamente moderno caracterizado por el extravío. Los surrealistas lo elevaron a clave o rasgo crucial del azar objetivo. Aragon: El campesino de París, pudo -tras la huella intensa de Baudelaire- cifrar en el deambular callejero la posibilidad de contemplar la continua metamorfosis que inspira la “mitología moderna”: ”Cada día cambia el sentimiento moderno de la existencia”. (…)

En realidad, sentirse perdido es algo común e inevitable desde el momento mismo de la configuración de las nuevas ciudades. Con las transformaciones de Haussmann en el París del siglo XIX, escribe Benjamin, aliena a los parisinos de su ciudad. Ya no se sienten en ella en casa. Comienzan a ser conscientes del carácter inhumano de la gran ciudad. (…)

Pero el extravío surge no solo de la nueva imagen laberíntica de la ciudad, sino también de la contraposición entre yo y la multitud que el nuevo escenario urbano ocasiona. Edgar Allan Poe, en su relato El hombre de la multitud, y tras el Baudelaire dan un perfil literario a esa contraposición, a la que también se refiere Benjamin: “la multitud de la gran ciudad despertaba miedo, repugnancia, terror en los primeros que la miraron de frente”.

Quizás no seamos hoy demasiado conscientes de lo que supuso esta auténtica sacudida, como modificación de la sensibilidad y de la experiencia. Nada hace más fuerte el sentimiento moderno de la soledad que mirarse en el espejo de una infinidad de rostros fugaces e itinerantes, desconocidos, que introducen de golpe en nuestro corazón el redoble de la incertidumbre».

Walter Benjamin. Tiempo, lenguaje, Metrópoli Extravío en la ciudad, Conocimiento y experiencia estética de lo moderno

José Jiménez

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Cada uno

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«Erasmo se burla del hombre como el viejo Demócrito, aunque se necesitarían tal vez mil Demócritos para abarcar tal séquito de necios: “Son increíbles los trastornos y las catástrofes que suscita un animalito tan ruin, de tan corta vida, porque a veces basta una batalla, o el azote de una epidemia, para arrebatar y aniquilar en un instante a millares de ellos”. Es claro que Erasmo se refiere a los disturbios doctrinales especialmente teológicos, que estaban desencadenando en esos momentos luchas de religión, unida a una plaga que estaba enrareciendo aún más el ambiente. Montaigne dice al respecto: “Y es el caso que lo que me parece traer tanto desorden a nuestras consciencias, en todos estos disturbios de la religión en los que estamos, es ese sentirse dispensados de la fe por parte de los católicos” En cuanto a la peste: “Vime atacado dentro y fuera de mi casa por una peste, más vehemente que cualquier otra”»

Solo si Dios quiere” La visión religiosa de Michel de Montaigne: El fideismo
James Andrés Pérez Montoya *

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Un mayordomo en Nueva York

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Ha muerto Limonov

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Religare

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«Durante la epidemia de peste de 1630 a 1633 el comisario aconsejó al obispo que mantuviera menos reuniones religiosas Y que evitara aglomeraciones populares. La advertencia suscitó protestas por parte del prelado, modestas es al principio y luego cada vez más airadas. El obispo trato hábilmente de atraerse el apoyo de personalidades locales, lo que consiguió fácilmente dado que, como de costumbre, las medidas sanitarias resultaban impopulares y molestas. El 1 de abril de 1632 Capponi comunicaba al Magistrado de Florencia que “todos buscan entorpecerme porque están irritados por mi presencia”, Y respecto al obispo y sus afirmaciones amenazadoras añadía malhumorado: “Que me excomulgue y que haga lo que quiera que a mí nada me importa, yo estoy aquí para servir a Su Alteza Serenísima “».

¿Quién rompió las rejas de Monte Lupo?

Carlo M. Cioplla

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Resistencia al accidente

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«Y había algunos que pensaban que vivir moderadamente y guardarse de todo lo superfluo debía ofrecer gran resistencia al dicho accidente y, reunida su compañía, vivían separados de todos los demás recogiéndose y encerrándose en aquellas casas donde no hubiera ningún enfermo y pudiera vivirse mejor, usando con gran templanza de comidas delicadisimas y de óptimos vinos y huyendo de todo exceso, sin dejarse hablar de ninguno ni querer oír noticia de fuera, ni de muertos ni de enfermos, con el tañer de los instrumentos y con los placeres que podían tener se entretenían. Otros, inclinados a la opinión contraria, afirmaban que la medicina certísima para tanto mal era el beber mucho y el gozar y andar cantando de paseo y divirtiéndose y satisfacer el apetito con todo aquello que se pudiese, y reírse y burlarse de todo lo que sucediese; y tal como lo decían, lo ponían en obra como podían yendo de día y de noche ora a esta taberna ora a la otra, bebiendo inmoderadamente y sin medida y mucho más haciendo en los demás casos solamente las cosas que entendían que les servían de gusto o placer».

El Decamerón
Giovanni Bocaccio

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Traducir en el mismo barco

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No recordaba que Stoterdijk habla en En el mismo mismo barco del Decamerón y la peste en la Toscana del siglo XIV. Como es un libro muy corto lo he vuelto a leer: «…la regeneración de los hombres por obra de los hombres presupone un espacio en el que, por convivencia, se inaugure un mundo».

Siempre había leído a Sloterdijk de forma distraída, buscando fogonazos, metáforas, apoyos o refutaciones para ideas más o menos líquidas. Así leí su trilogía Esferas.

Hoy, con más calma, viendo las dificultades en la lectura del librito publicado hace ahora 20 años por Siruela, he encontrado este artículo de Rafael Martín-Gaitero que me ha desanimado por completo. Sobre todo su final: «Si, por indicación del mandante, es decir, a impulsos de la editorial, el traductor ha pretendido hacer más fácil la lectura del texto, muy difícil para los alemanes, ha hecho un flaco servicio al autor. Quien quiera apreciar el estilo de Sloterdijk y aquilatar la comprensión de su pensamiento deberá proveerse del original».

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La extrañeza

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«La extrañeza, pues, se despierta en último término por la constatación de que las cosas sólo son visibles encubriendo en el mismo acto un medio de claridad determinado por el horizonte de la totalidad y sólo ese medio, que trasciende de la particularidad, hace posible la obviedad. No está dicho que ese ámbito transcendental esté configurado por contenidos como los obvios o por contenidos totalmente diversos, pero, como quiera que sea, lo que mantiene viva la extrañeza es que las cosas exceden del perfil de familiaridad con que nos salen al paso».

La concepción Zubiriana de la Filosofía
Antonio Pintor Ramos

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La Gran Vía, Madrid

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«Y para conseguirlo es necesario abandonar totalmente la humanización que proyectamos sobre el mundo. porque de entrada es imposible explicar las cosas como cosas que son a partir de nuestro pensamiento, que sitúa a la persona en el centro y lo mira todo asimilándolo al ser humano. Por lo tanto debemos volver al punto de partida. Quizás cuando hayamos abandonado totalmente esta humanización, esta sensibilización, y hayamos conseguido observar las cosas como cosas, ellas nos devolverán nuestra mirada cohesionadora de un puntapié y se manifestarán con toda su auténtica fantasía. La fantasía que no llega hasta aquí no es más que una prueba de la debilidad de la mirada y del exceso emocional que provoca la confusión entre el yo y el Otro. Es evidente que la fantasía y la emoción van en contra una de la otra. La fantasía pertenece a las cosas que se rebelan y nos devuelven la mirada, mientras que la emoción es una mistificación que surge en nuestro interior cuando damos la espalda a la mirada».

La ilusión documental
Takuma Nakahira

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