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Garbanzos y facundia

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Estrella dice que es dada a la facundia. Lo suyo es más bien verborrea. Ha abierto junto a una socia un pequeño restaurante con terraza frente a la iglesia de san Pedro. Dice que es hija de pastor aunque luego aclara que su padre tuvo cinco mil ovejas. Así –refiere- se ríe de los demás. Parece que necesita aclarar algunas cosas y se sienta a tu mesa en cuanto ve que no hay faena. Dice que también es para reírse el nombre que le ha puesto al establecimiento: el Chiringuito. Le preguntan los clientes por qué, si en Frómista no hay playa y con eso, ella se divierte. Enseguida puede hacerse uno la composición de su estado sentimental, económico y familiar cuando en realidad lo ideal sería preguntarle cómo prepara su socia los garbanzos con chorizo que nos ha servido para comer: unos garbanzos pequeños y sabrosos precedidos de una ensalada mixta en la que cada verdura y hortaliza sabe a lo que debe. El café está más que pasable. Y bueno, a todo se hace uno: Estrella sigue hablando de su vida pasada como sumiller, de la mala suerte a la hora de comprar vino demasiado bueno para el Chiringuito, que ahora tiene guardado por cajas debajo de la cama, de lo que espera de la vida y del maltrato que los bares del Camino infligen a los peregrinos. La vista de la fachada de san Pedro hace más llevadera la sesión de psicoanálisis, mientras el nombre de la paciente se repite en todas las sillas de la terraza, bajo la marca de una conocida cerveza.  Todo sea por demorar el paseo hasta la iglesia de san Martín de Tours, cuya restauración la convirtió en el mejor ejemplo del románico tambor Exín castillos.

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