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Ida y vuelta a Suecia

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Estimado Sr. Ayacam:

Leo en diagonal las coplas a la muerte de García Márquez con esos «se nos fue», «nos queda su obra», «nace un mito», «yo estuve con él y me acuerdo de esto y de lo otro». Qué pesadilla. Sin embargo, he encontrado consuelo en un relato del joven Vicent Leconte en Le nouvel Observateur que, aunque recoge un hecho muy conocido, está bien narrado y devuelve la frescura al personaje. Se trata, claro, del puñetazo que le arreó Vargas Llosa en las escaleras del palacio de Bellas Artes de México D.F.

Si me acuerdo de usted, es porque en este asunto el chisme alcanza proporción literaria; no solo por los protagonistas. sino porque, como sabe, nunca divulgaron el verdadero motivo del derechazo y la historia está esperando a que alguien la escriba.

Que García Márquez se hiciera retratar después con el ojo a la funerala resulta también muy elegante: un relato zanjado por su parte, sin palabras y a la vez sin renuncia. Le hace aparecer como el vencedor moral.

En fin, ya ve, me gustaría decir como la mujer de Vargas Llosa cuando este volvió a casa. En francés suena bien: «Moi non plus je n’ai pas perdu mon temps» pero me temo que, en vez de leer a salto de mata tanto Aracataca y cenizas de aquí para allá más me hubiera valido hincarle el diente a algún artículo de prensa del difunto. Andan por ahí en dos tomos. ¿Cómo era aquello? Antes me dejo cortar un brazo que publicar una obra en dos volúmenes.

Saludos,

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