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La caza de la tortuga

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23 ColonelDespard

 

La carpa viva
Unos días antes de las elecciones, me cruzo en la Castellana con una manifestación que reivindica algo sobre carpas vivas. Carpas vivas dicen las camisetas de los manifestantes. Por la calzada avanzan varios todoterrenos que tiran de lanchas a motor con carteles en español y en inglés: Freedom to the sport fishing .Our fishes are europeans. El último de los vehículos arrastra una plataforma sobre la que viaja un enorme jabalí disecado,

Los restos del ICONA
En Neptuno, donde ya hay tráfico, tomo un taxi. La conversación arranca por los atascos y las dificultades propias de los domingos madrileños. El chófer es un joven que conoce a uno de los manifestantes. Me cuenta que el ICONA introdujo la carpa en los ríos españoles para eliminar otras especies invasoras y que ahora los ecologistas quieren, a su vez, acabar con la carpa. Quienes practican la pesca sin muerte están indignados  con la sentencia Tribunal Supremo que ha declarado especies invasoras la carpa viva, el cangrejo rojo y la trucha arcoíris.

Un taxista selectivo
Agotado el asunto piscícola el conductor se lanza a las movedizas arenas de la opiniones personales acerca de la política y muestra sus reticencias acerca del criterio de los ciudadanos.

-¿Para ser elegidos?-. Pregunto ingenuo.
-Para votar-. Contesta con una rotundidad que asusta un poco.
-Pero hombre…
-Que no, que no. Que hay mucha gente que no sabe lo que vota. Yo, si pudiera, no dejaría votar a más de uno. ¡A usted, sí!
-Y a mí ¿por qué sí?
– Parece usted tener discernimiento.
-¡Ah! Pues muchas gracias-. Acierto a decir ya francamente espantando.

Llegamos entonces al punto de destino y cuando me bajo del auto, me dice:

-Yo, es que he estudiado ciencias políticas.

No tengo reflejos para preguntarle en qué Universidad.

Persecución implacable
Las palabras del taxista me han perseguido hasta después de las elecciones. Sabía que las especies foráneas, el discernimiento y el voto restringido tenía que ver con algo que había leído pero solo después del 26 de junio y de los cientos de insultos proferidos contra quienes votan distinto, me he acordado del coronel Despard.

Colgado por el cuello
Edward Despard fue colgado el 22 de febrero de 1803 en la prisión de Horsemonger Lane. unos meses antes fue arrestado durante una reunión con 40 trabajadores en la taberna Oakley Arms. La reunión tenía como objeto poner en marcha un movimiento que rompiera las cadenas de la esclavitud y recuperara algunas de las libertades perdidas.

Desde el otro lado del Atlántico
Despard había desembarcado en Jamaica como teniente del ejército británico en 1766 y allí comprendió enseguida que la sociedad esclavista estaba basada en el terror. En los trabajos de fortificación de la isla contó con mano de obra proveniente de todo tipo de etnias y religiones: una de las “cuadrillas variopintas” a las que se refieren Peter Linebaugh y Marcus Rediker en La Hidra de la Revolución (1)Acostumbrado a trabajar con todo tipo de hombres, Despard fue enviado a la actual Nicaragua en 1779 para luchar contra los españoles. Allí conoció a los indios Mosquito, gracias a los que él y su gente pudieron sobrevivir. 5 años después, siendo capitán, estaba en la costa de Belice que ya se había convertido en terrenos privados. La caoba, aserrada por esclavos, viajaba hasta Gran Bretaña, donde empresarios como Chippendale habían hecho de la ebanistería una industria. Para entonces los esclavos superaban a las personas libres en una proporción de uno a seis.

Un acuerdo con España
El convenio de Londres firmado en 1786 entre España y Gran Bretaña obligó a este último país a evacuar a 2.000 personas a Belice desde la Costa Mosquitos. Despard estaba encargado de la substancia y la integración de aquellos hombres, en su mayoría desertores y prisioneros, muchos de los cuales habían servido bajo sus órdenes en Nicaragua.

La dieta de la tortuga
La pesca y la caza estaban prohibidas, pero era imposible hacer respetar la prohibición. Las tortugas eran la dieta básica de los indios Mosquito, mayas y bucaneros. privatizadas las tierras, la colonia se hizo dependiente de las importaciones americanas, de manera que los precios de los alimentos no tardaron en ser prohibitivos. En contra del convenio de Londres, según Linebaugh y Rediker y con la aquiescencia de España, según otras fuentes, Despard autorizó el cultivo de plátanos, batatas, maíz y piña para asegurar la subsistencia de los más pobres y llegó a embargar y vender los barcos de quienes infringían las normas comerciales.

Los votantes ignorantes
La adjudicación de una parcela a un hombre “libre y de color” hizo que la tensión aumentara. Los colonos se quejaron a la metrópoli cuando Despard actuó en favor de aquel. Poco después, Despard se presentó a las elecciones para magistrado. Sus enemigos alegaron que alguno de los votos habían sido emitidos por “ignorantes cazadores de tortugas y hombres de color que no poseían propiedad alguna ni tenían lugar fijo de residencia”.

Llamado a Londres por sus superiores, terminó como se indica más arriba.

(1) La Hidra de la Revolución fue premiado con el “International Labor History Association”. Mejor comprar.

 

 

 

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