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puppy-&-channel
Bajar las escaleras del Guguy y acordarme de Frank Gehry es todo uno. ¡Ay! Qué sensación de cojo a mi pesar. No sé qué hacer con los pies: dos en esta pisa, uno en la otra. Miro dónde pongo este y ahora el otro, dónde termina el escalón para comenzar el siguiente. Frank, de verdad: tu museo dará vidilla, pero así te cupieran estas escaleras por el orto. ¿No puede un visitante entrar con cierta elegancia, sin mayores atolondramientos, con la vista al frente, haciendo aquello que tanto nos costó aprender de pequeños, o sea, subir y bajar peldaños?

Veo la expo de Niki de Saint Phalle y a la salida, subo, distraído, con algo más de facilidad: Puppy, al fondo, tiene compañía. Algún contratista con buen ojo ha encontrado financiación para el remozado de una fachada. Las colonias caras es lo que tienen. Confundo los nombres de las modelos. No se quién es quién, todas me parecen la misma. Son como una especie de prolongación quinquenal de la belleza. En los anuncios de algunas revistas, abajo, en tipografía pequeñita pueden leerse sus nombres pero no se me quedan. Hay una con las palas separadas; no tengo ni idea de cómo se llama. Ahora que Kate Moss se retira, creo que puedo reconocerla. Demasiado tarde.

He salido del museo como se sale a la realidad. De Niki de Saint Phalle, que comenzó posando para Harper’s, se exponen en Bilbao sus trabajos más fieros, menos amables. Ella siempre fue hermosa, incluso cuando apoyaba su mejilla contra la culata de una carabina. Enfrente, la modelo que se tapa una teta con el antebrazo, como si temiera el cierre de su cuenta en Facebook, tiene pinta de no ir más allá de la lona en la que está impresa.

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