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Swift, Twitter y el humor negro

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A Jonathan Swift lo conocemos sobre todo por Los viajes de Gulliver. También salió de su pluma un nombre propio: Vanessa, más conocido en España como La Vane. De todas formas, lo que aquí nos importa es que Swift puede ser considerado como el padre del humor negro por no decir negrísimo. No fue él quien puso el nombre al género. Tuvieron que pasar más de dos siglos para que André Breton publicara su Antología del humor negro. Claro que dar a la imprenta semejante libro en la Francia de 1940 solo podía traer aparejada la prohibición inmediata de su distribución por el Gobierno de Vichy.

Tal vez la frase de Adorno acerca de la poesía y Auschwitz, debió predicarse acerca del humor negro. Aun y todo, Breton publica de nuevo su Antología en 1947 y una edición definitiva en 1966. Entre los autores seleccionados, Thomas de Quincey, Baudelaire, Poe, Lewis Carrol Nietzsche, Rimbaud, Gide, Alfred Jarry, Raymond Roussell, Apollinaire o Kafka.

Breton dice en el prólogo:

“La palabra humor es intraducible, decía Paul Valéry, si no lo fuera, los franceses no la emplearían. Pero si la utilizan es precisamente por la impresión que le adjudican y que la convierte en una palabra muy adecuada para una discusión sobre gustos y colores. Cada oración que la contiene modifica su sentido, hasta el punto de no hallarse su significado propio más que en el conjunto estadístico de todas las frases que la contiene y que van a contenerla en el futuro”.

Volviendo al principio, Swift no fue concejal pero sí consejero del gobierno tory y decano de la catedral de St. Patrick de Dublín. Es cierto que se ganó algunas hostilidades a costa de sus escritos y que practicó una especie de rudimento de tuiteo, bajo el seudónimo de Isaac Bickerstaff, con el que arruinó la carrera de un conocido astrólogo y sin embargo toda Irlanda entendía que sus escritos tenían un carácter irónico. Breton recoge en su antología unos párrafos de su Modesta proposición: Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público.

Aquí, unas líneas:

“…Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.

Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.

En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos”…

Leí el otro día que algunos se acuerdan del racismo, el terrorismo o la pobreza, solo cuando leen un chiste ofensivo. Si sirve, valga.

dos cosas para leer, ya si eso: una. Dos

 

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