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Una calada

Viajes
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Hace mucho tiempo, volé junto a un tipo que echaba vaho entre las manos. No hacía frío en la cabina y creí que veía mal. Sin embargo la cosa se repetía cada tanto, hasta que una azafata se acercó al vahoista para decirle que los cigarros electrónicos estaban prohibidos en el avión. Así me enteré de su existencia.

Recuerdo después a M. fumando su cigarro electrónico cuya brasa falsa se encendía cada vez que inhalaba el vapor o lo que fuera que producía su mecanismo. En un aparte me dijo que lo simultaneaba con unos puritos muy sabrosos que entonces estaban de moda. M. se metía entre pecho y espalda nicotina y nebulosa a partes iguales en un intento por acabar con el hábito. No sé cómo le ha ido.

R. ha cambiado el tabaco rubio por un cilindro relleno de nicotina. Le pedí que me dejara probarlo. Le di una calada y como llevo 10 años sin fumar, me puse transparente. R. me dijo: -Siéntate que te ha dao un chungo.

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