RSS

Passy en invierno Un paseo por el barrio y más allá.

Vulcano

Mientras tanto

Esta piedra mide en su lado más ancho 7 centímetros. Estaba en el camino del volcán que da nombre a todos los volcanes. Parece mineral de hierro oxidado y visto con buena luz, da unos hermosos colores calientes y viejos. No tiene brillo. Parece reseca, como si la hubieran exprimido.

El camino para llegar al cráter no es largo: apenas una hora de subida sin dificultad. Si se hace a primera hora, se evita el calor, y algo de brisa llega hasta la pista que, poco a poco, se aparta de la vegetación y se hace cada vez más terrosa.

Un poco antes del comienzo de la ascensión hay una piscina natural de aguas sulfuradas y paredes amarillas. Desde la mañana, los bañistas se ponen a remojo, dejando la cabeza fuera y allí se están un buen rato, aprovechando las propiedades curativas, mientras soportan el olor que se abre paso entre los tenderetes de la carretera. Hay flotadores con forma de tiburón, de pulpo y flamenco; alquiler de quads y motorinos, tiendas de bañadores, de pulseras y collares hechos con piedrecitas de basalto. Allá queda todo, pequeño, a la sombra del volcán.

Mientras subes, el horizonte se hace nítido y después del último chamizo y del último arbusto deshojado, aparece una fumarola, un hilo de humo a cuyo pie hay formada una masa de azufre color limón pasado. Allá hay otras fumarolas más activas y otras más diseminadas por la ladera. Todas dicen: estoy vivo. Lo estoy, dicen, a pesar de que, cuando te asomas al cráter, allá abajo solo hay desolación. Una tierra yerma en la que nada parece dispuesto a crecer.

Es una hermosa mañana para la desolación. El horizonte divide dos azules intensos y tu miras hacia adentro, hacia un lugar en el que la última vez que pasó algo fue hace 130 años, cuando el estallido hizo que el monte creciera 5 metros. Mientras vuelve a suceder algo, la imagen da para una bandera dividida en dos franjas horizontales y un circulo central.

Al Este de la isla está el puerto. Ha atracado un ferry y los turistas desembarcan tirando de sus maletas con ruedas. A los lados del camino de hormigón, más tiendas con recuerdos de Vulcano. Allá abajo. Unas personitas se detienen un momento y miran un colgante, un imán para la nevera.

Comentar »

La invención y la mentira

Citas
Libros

“El aforismo de Lincoln sobre engañar a la gente viene al caso, como de costumbre. El escritor que da informaciones poco exactas o presenta invenciones como datos objetivos, de manera consciente o no, está explotando la ignorancia del lector. Solo el lector informado tendrá consciencia de que se ha violado el contrato. Si le divierte lo suficiente, puede que reescriba el contrato en privado, leyendo la presunta no ficción como mera invención, como un bulo, una <ficción> según la quinta definición del Oxford English Dictionary .

 

Puede que los escritores estén reescribiendo el contrato en la actualidad. Tal vez toda la idea del contrato es completamente pre-posmoderna, y los lectores se avienen a aceptar los datos falsos en la no ficción con tanta calma como aceptan la información objetiva en la ficción.

 

Indudablemente estamos tan embotados por el volumen de información inverificable recibido que admitimos los seudohechos de forma más o menos equivalente a como admitimos los hechos. Y debido al mismo embotamiento solemos aceptar exageraciones de todo tipo: anuncios publicitarios, historias sobre celebridades <filtraciones> políticas, declaraciones patrióticas y moralistas y así sucesivamente, leyéndolo todo sin que nos importe demasiado que el material sea increíble o que estén intentando manipularnos.

 

Si esta falta de distinción entre lo ficticio y lo factual es una tendencia general, quizás deberíamos celebrarla como una victoria de la creatividad sobre el objetivismo indiscriminado y poco imaginativo. Sin embargo, el hecho me preocupa porque me parece que al no distinguir la invención de la mentira se pone en peligro la imaginación”.

 

Hechos y/o/más ficción 1998 Sobre la escritura, la lectura, la imaginación 

Ursula K. Le Guin ed. Cículo de tiza

Comentar »

Estimado Sr. Rauschenberg

©

Comentar »

Una semana más

©

La expo en el Polvorín de la Ciudadela se prorroga hasta el 14 de enero de 2018.

Comentar »

Cerca del Ayuntamiento de Londres

©

Comentar »

San Francisco desde el hotel

Mientras tanto
©

Comentar »

de Orly a Denfert-Rochereau

Arquitectura
Correspondencia
Viajes
©

Querida A.:

Recordaba ayer nuestros cigarrillos a la salida del aeropuerto. Con qué avidez abríamos la cajetilla junto a la parada de los taxis. Desacompasado, el crescendo de los motores en el despegue, llegaba después de que los aviones estuvieran ya en el aire: el eco de las terminales, imagino. Una calada más antes de tomar allí mismo un taxi camino de la ciudad. Los anodinos hoteles para viajeros junto al peripherique y los edificios de las multinacionales que empiezan a iluminarse cuando cae la tarde, al lado de las últimas casas bajas; todo pasa por las ventanillas del taxi. Una mancha gris, con ecos de azul hielo, rosas y naranjas hasta  llegar al león de Denfert-Rochereau. Y ahí empieza París.

Comentar »

La torre del tambor

©

Comentar »

Nikko. Vuelvo en 10 minutos

©

Comentar »

Una caseta en Pekín

©

 

El tren que enlaza Orly con la estación de Antony no tiene conductor. Parece que circula por su cuenta y riesgo. Ya hay algunos metros en París que funcionan igual, pero en este tren, el paisaje se ve de frente. La vista es libre y remite más a los entresijos del sistema automático que al gusto de la contemplación. Pienso si habrá alguien encargado del automatismo y si no será precisamente esta la hora de su almuerzo. No disfruto de la vista. A lo lejos viene otro tren. Seguramente por las vías paralelas, pero de momento no puedo distinguir si es es así. Esta madrugada no me he asustado con las turbulencias del avión, cuando atravesaba la tormenta, ni con los gritos del pasaje: ya se sabe que el piloto tiene el mismo deseo que tú de volver a casa. Pero ahora,veo el tren que se acerca y no me gusta. Quiero estar seguro de que viene por donde debe.

Desearía mirar el paisaje como en el tren que corre paralelo al Hudson, en el que uno puede sentarse en la locomotora de cola, seguro de que en la de cabeza, un maquinista se encarga de guiar el convoy. Atrás, el río, los árboles y el terraplén se alejan engullidos por la perspectiva, cuyo punto de fuga varía conforme las curvas se suceden.

El paisaje no es solo un instrumento para recordar. Su sentido radica más bien en la creación de relaciones y posibilidades. Eliminada la melancolía que le es propia, se convierte en un motor de correspondencias cuyo engranaje es capaz de atraer hacia sí ideas y argumentos. Quien en un día cualquiera, dice Martin Seel, sale de la oficina, de la fábrica o del aula al espacio abierto y se detiene estéticamente ante una cosa o ante una escena cualquiera, no está proyectando el arte a la vida, sino abandonándose al aparecer irremplazable de lo real, presente en todas partes. El entusiasmo por lo que aparece no se verifica solo para el arte, sino que es válido para una forma de demorarse en el tiempo de la existencia, en permanente evanescencia, donde quiera que acontezca.

Comentar »

Un guardarropa en Berlín

Citas
Libros
©

 

 

“La forma en que cada afirmación de un clásico puede recoger los comentarios de la posteridad puede compararse, en cierto modo (si se me permite recurrir a una imagen tan trivial),con un gancho o con la percha de la pared de un guardarropa.Los sucesivos usuarios del guardarropa llegan uno tras otro y cuelgan en la percha sombreros, chaquetas, paraguas, bolsas y demás; la carga se hincha, densa, colorista, diversificada,y finalmente la percha desaparece por completo bajo ella. Para el lector nativo, el clásico es una cosa intrincada y abarrotada, es un lugar lleno de personas y de voces, de cosas y recuerdos que vibran con ecos. Para el lector extranjero, sin embargo, el clásico ofrece a menudo el aspecto solitario del guardarropa después del horario de trabajo: una habitación vacía sólo con hileras de perchas desnudas sobre una pared desnuda, y esa austeridad extrema, esta simplicidad firme desconcertante, explica en parte la impresión paradójica de modernidad que es más probable que él experimente”.

Breviario de saberes inútiles

Simon Leys

Comentar »

Camino de Orly

Citas
París
Viajes
©

“¿En qué momento realmente empezó esa historia? ¿Fue al facturar la maleta o cuando paramos un taxi para ir al aeropuerto o cuando la azafata nos sonrió al damos los periódicos o cuando, diez años antes, comenzamos a soñar en ese viaje o bien cuando nos dormimos durante el vuelo y soñamos que no volábamos?”

Enrique Vila-Matas

Comentar »

Nos vemos el 17 a la tarde

Correspondencia
Estados
Libros
París
Passy
Pintura
©

 

 

De martes a viernes de 18:00 h. a 20:30 h.
Sábados de 12:00 h. a 14:00 h. y de 18:00 h. a 20:30 h.
Domingos y festivos de 12:00 h. a 14:00 h.
Lunes cerrado.

Navidad

Días 21, 25 y 28 de diciembre, 1, 4 y 6 de enero: Cerrado.
Del 22 de diciembre al 5 de enero, de 12:00 h. a 14:00 h.
Sábados de 12:00 h. a 14:00 h. y de 18:00 h. a 20:30 h.

Comentar »

Boulevard de Grenelle

París
©

Entonces, supongamos que no es una clave de wifi expuesta para agravio de su titular. ¿Es un llámame? ¿No será un aviso demasiado público? En el andén del boulevard, pinchados sobre una tabla que a su vez se sujeta en uno de los pilares sobre los que vuela la línea 6, un manojo de folios usados solo para escribir una combinación de letras y números, se mueven con la brisa del domingo. Al lado, dos vecinos se paran a conversar. Uno de ellos se sube los cuellos de la gabardina. Arriba, pasa el metro.

Comentar »

Sorrento

©

DSCF1001

Comentar »