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Voorstreek, Leeuwarden

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Su compañero era más discreto en la forma de vestir y sin embargo iba cantando “Guantanomero” a voz en cuello. Tenían la tarde de agosto a sus espaldas y el aspecto de caminar juntos hasta el mar. Funcionaban bien como pareja, pero solo él se detuvo un momento. Guantanomero siguió hasta el semáforo y esperó a su colega moviendo los puños a la altura de su pecho, como si hiciera sonar unas maracas.

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