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Passy en invierno Un paseo por el barrio y más allá.

Clarineros de Pamplona

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“Aunque los clarineros prestaban unos servicios limitados, en 1707 (28-VI) la Corporación dispuso que no se pudiesen ausentar de Pamplona sin su permiso. En 1748, se estableció que no acudiesen de día ni de noche a ninguna función particular de los vecinos sin licencia previa del regidor preeminente y, en tal caso, que sólo se presentasen en casas de vecinos «notoriamente decentes», es decir, de buena consideración y posición social. No se trataba de la libre disposición por uno u otro clarinero de sus propias facultades y libertad natural, sino de que la institución más importante del municipio, representante de todos los vecinos, no permitía los servicios de sus empleados a favor de particulares. Era cuestión de prestigio y protocolo para el Ayuntamiento, institución de todos los pamploneses. En 1760 (25-VI), se insiste en esta última disposición, al prohibir a los clarineros su presencia en funciones de comunidades o cofradías sin permiso de la Corporación o del regidor preeminente (primero entre los 10 regidores o regidor cabo del burgo de San Cernin). Dichos acuerdos municipales reflejaban que la Corporación poseía una jurisdicción total sobre sus empleados. En este sentido, los regidores pusieron una particular atención para que otras instituciones respetasen al Ayuntamiento el derecho privativo que tenía sobre los clarineros, respecto a la concesión o negativa del permiso para asistir, como tales, a las celebraciones privadas de sus vecinos. Por dicho motivo, en 1744 la Corporación mantuvo un pleito ante el Consejo Real en defensa de su derecho privativo para apresar al clarinero Bernardo Plata -apresado el 27-IV-1744- por haber tocado música sin su permiso, aunque sí con el consentimiento expreso del virrey, el regente del Consejo, alcalde ordinario, y alguacil mayor del tribunal de la Corte Real. Estas licencias o permisos citados no bastaban según el fuero municipal, pues la jurisdicción a este respecto era privativa de la Corporación. A pesar de la jurisdicción privativa municipal, el Consejo Real sentenció en contra de ella, exigiendo la libertad de dicho clarinero. La Corporación obedeció. En realidad, en esta sentencia el Consejo Real no trataba sobre el derecho privativo del Ayuntamiento, sino sobre determinados aspectos del caso. Por su parte, la Corporación pretendió —sin éxito- consolidar su posición al recordar la expulsión que en 1743 decretó a sus clarineros Bernardo Plata y Antonio Mantelli por el mismo motivo aunque, poco después, benévolamente, les hubiese readmitido en el cargo”.

La burocracia del Ayuntamiento de Pamplona del siglo XVIII
José Fermín Garralda

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Catedral de Pamplona

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Plaza del Castillo

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Calle Chapitela

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Plaza del Ayuntamiento

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Calle Zapatería

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PETA, pasar o no pasar.

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Querida J.:

No creo que haya sido tu condición de mujer la que te ha impedido fotografiar a los chicos del PETA en el callejón de la plaza de toros. Más bien un conjunto de elementos que no desaparecen de la sesera del personal así les pases un estropajo con agua jabonosa.

personas que se encargan del orden en estos acontecimientos tienden a la bonhomía y no exigen un carné profesional o que te hayas acreditado previamente. Luego pasa lo que pasa. Si; ya sé que, de joven, tu ilusión era fotografiar el encierro para la prensa escrita y que tu condición femenina fue la causa de la negativa del periódico. Me contaste quién fue la primera mujer que se subió al vallado cámara en ristre y que semejante acontecimiento no fue hace mucho. Lo sé, pero lo de hoy era distinto. El de seguridad te ha visto como te ha visto: una falda monísima, bolso grande, mi bolsa de plástico en el antebrazo  y una cámara compacta muy buena pero que parece de pin y pon. A tu alrededor los otros fotógrafos iban vestidos como se visten los fotógrafos, además de llevar al cuello unas cámaras grandes y angulares como la cúpula del Vaticano y teleobjetivos que se miden por centímetros. Claro; así no pasas.

No es que no hayas pasado por mujer. No has pasado por mujer, por no ser excesivamente joven, por no tener pinta de lo que eres, por llevar bolso grande y por sujetarme en el peor momento la bolsa de plástico en la que llevaba la alcachofa de la ducha para cambiarla por otra. La cal: ya sabes. Y sobre todo, no has pasado porque da igual de qué acto, procesión o exhibición se trate: a un tipo que tiene un patrón cerebral determinado no puedes pedirle mucho. Da igual que sea socio del PETA o de la Hermandad de la Pasión. ¿Te acuerdas del juguete de Fisher-Price en el que el niño tiene que encajar en cada hueco el objeto con la misma forma? pues aquí lo mismo. Si tienes pinta, pasas. Si no, no. Es lo que comúnmente se llama prejuicio.

Cuando nos marchábamos, mientras le afeabas la conducta al muchacho en cuestión, él ha hecho un amago de disculpa y ha dicho –más o menos y entre dientes- que no sabía cómo distinguir a un fotógrafo de quien no lo es y que de algo tenía fiarse. Era el momento idóneo para darle con el bolso.

Otro día hablaremos de por qué han dado en ser tan recatados los miembros del PETA. De por qué hacen un cordón de seguridad o impiden el paso por los laterales de la manifestación, excepto si eres fotógrafo o pareces serlo, o por qué las chicas se tapan los pezones con esparadrapo (tal vez por Facebook o por el miedo al uso de las imágenes, no lo sé). El caso es que todo tiende a una ultracorrección parecida a las pescadillas.

 

Nos vemos el lunes, supongo,

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Swift, Twitter y el humor negro

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A Jonathan Swift lo conocemos sobre todo por Los viajes de Gulliver. También salió de su pluma un nombre propio: Vanessa, más conocido en España como La Vane. De todas formas, lo que aquí nos importa es que Swift puede ser considerado como el padre del humor negro por no decir negrísimo. No fue él quien puso el nombre al género. Tuvieron que pasar más de dos siglos para que André Breton publicara su Antología del humor negro. Claro que dar a la imprenta semejante libro en la Francia de 1940 solo podía traer aparejada la prohibición inmediata de su distribución por el Gobierno de Vichy.

Tal vez la frase de Adorno acerca de la poesía y Auschwitz, debió predicarse acerca del humor negro. Aun y todo, Breton publica de nuevo su Antología en 1947 y una edición definitiva en 1966. Entre los autores seleccionados, Thomas de Quincey, Baudelaire, Poe, Lewis Carrol Nietzsche, Rimbaud, Gide, Alfred Jarry, Raymond Roussell, Apollinaire o Kafka.

Breton dice en el prólogo:

“La palabra humor es intraducible, decía Paul Valéry, si no lo fuera, los franceses no la emplearían. Pero si la utilizan es precisamente por la impresión que le adjudican y que la convierte en una palabra muy adecuada para una discusión sobre gustos y colores. Cada oración que la contiene modifica su sentido, hasta el punto de no hallarse su significado propio más que en el conjunto estadístico de todas las frases que la contiene y que van a contenerla en el futuro”.

Volviendo al principio, Swift no fue concejal pero sí consejero del gobierno tory y decano de la catedral de St. Patrick de Dublín. Es cierto que se ganó algunas hostilidades a costa de sus escritos y que practicó una especie de rudimento de tuiteo, bajo el seudónimo de Isaac Bickerstaff, con el que arruinó la carrera de un conocido astrólogo y sin embargo toda Irlanda entendía que sus escritos tenían un carácter irónico. Breton recoge en su antología unos párrafos de su Modesta proposición: Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público.

Aquí, unas líneas:

“…Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.

Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.

En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos”…

Leí el otro día que algunos se acuerdan del racismo, el terrorismo o la pobreza, solo cuando leen un chiste ofensivo. Si sirve, valga.

dos cosas para leer, ya si eso: una. Dos

 

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