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Passy en invierno Un paseo por el barrio y más allá.

Una malla de gallinero

Cine
Estética
Música
Tokio
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En el templo budista de Shibamata, un monje vestido de negro hace chocar dos tablas de madera con poco sentido del compás. Canta algo indefinido. Algo que se parece a las canciones que cantan los indios alrededor del fuego, en las películas del Oeste. 

Cuando termina de golpear las tablillas, el monje comienza a rezar. Está sentado en la postura del loto cerca del altar. Le separa de los fieles dos escalones y una red de gallinero sujeta por una estructura de madera. El monje sigue rezando, hasta que golpea dos veces un gong de bronce. El recubrimiento de fieltro del mazo hace que el sonido sea profundo y prolongado. 

Desde un edificio contiguo, se escucha otro tableteo sin un patrón definido; un crotoreo de cigüeña desganada. Esa especie de desidia en el ritmo, hace del sonido algo imprevisible. No cabe otra cosa que la tensión: El no iniciado espera que, en cualquier momento, se encadene un compás que le arrastre a la laxitud, pero la cadencia no llega nunca.

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Reluciente camión de bomberos

Arquitectura
Tokio
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Dejo la maleta en la habitación y reviso cuántos enchufes hay. No hay una segunda almohada. En la recepción me dan una manta en una bolsa de cartón. Salgo para Shibamata y llego al atardecer; la luz cae muy deprisa. De la estación giro a la derecha. En el siguiente cruce, un reluciente camión de bomberos, con las luces de emergencia encendidas, bloquea el paso. Desde la intersección, un poco más adelante, llegan más reflejos rojos y luego el sonido de las sirenas. Cambio el rumbo y dejó el templo de Taishakuten para más tarde.

Hay cinco o seis camiones y tres ambulancias. La policía controla el tráfico. Un agente se despista y levanta la cinta del perímetro, así que llego hasta el lugar del incidente. Es un cuarto piso de uno de los pocos edificios altos del barrio. Hay una ventana reventada. Contra el marco quedan apilados restos de muebles. Por la escalera exterior han subido varios bomberos. Tomo algunas fotos sin darme cuenta de que lo hago junto a la camilla en la que yace un fallecido dentro de un saco de plástico. Le pregunto a un bombero: –Fire-. Le pregunto si ha sido el gas.  Me mira sin comprender: –Fire-. Hace un gesto que abarca una gran bola imaginaria.

Pido a los bomberos que recogen ya las mangueras que me dejen fotografiarles. Llego hasta el puesto de mando que está instalado en un pequeño aparcamiento. Han abierto una mesa plegable sobre la que está extendido un plano del edificio. El jefe se da la vuelta y me dice que no puedo estar ahí. Me marcho después de insistir sin éxito. Hay un puesto de kushiage y me como un par de pinchos sentado en la acera.

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Onicopatía leve

Estados
Móvil
Viajes
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Este en el que estoy ahora, el de Pekín, tiene cristaleras de arriba abajo en los pasillos de las puertas de embarque, lo mismo que en los fingers. No pierdes de vista las actividades de los aviones, los autobuses, camionetas de servicio y coches amarillos con sirena que van y vienen entre las líneas marcadas sobre el asfalto y el hormigón.

Ha habido un rato durante la noche en el que no había movimiento. No aterrizaban aviones. las pistas estaban a oscuras y casi no había viajeros. Los asientos no tienen reposabrazos y puedes echarte a dormir. Me he tomado un Trankimazin y me he despertado a las 04:30. La maleta, debajo de unas cuantas cámaras de vigilancia. Hay cámaras por todas partes, de esas de 360° y otras que no había visto nunca y que me hacen pensar en el reconocimiento facial. Ha amanecido enseguida, mientras le daba vueltas a una conversación que mantuve con una conocida, antes de venir. ¿Qué nos lleva al sufrimiento y al autoengaño? ¿Cuánto hemos de amar y por qué hemos de amar? El cielo en el aeropuerto de Pekín es igual que el que vi hace 15 años: no puedes saber si es neblina o contaminación. Leí que habían reducido las emisiones industriales, pero no sé con qué resultado.

Acaba de llegar el hombre que se encargará del embarque. No se ha peinado. Hace ya media hora que la tripulación ha subido al avión. Otra vez me falla la queratina. Las uñas se me parten. En el avión de Madrid a Pekín se me ha roto la uña del pulgar izquierdo. Le he pedido una tirita a la azafata señalándome el dedo: -No. ­–Me ha dicho con sequedad–. Luego ha sonreído como un Playmobil: -¿Quiere más té?-

Tengo esta lista de cosas para hacer cuando llegue: 1) Cambiar el cable del cargador de baterías por uno japonés. 2) Comprar un ladrón para el cargador y la cámara grande. 3) comprar un enchufe USB japonés para el móvil. 4) Anti mosquitos.  Mientras paseo, encuentro sobre un banco un cable USB con su enchufe japonés. Miro alrededor. No hay nadie, me lo llevo y me siento un poco más allá para tachar el apartado 3 de la lista.

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Busto con gafas

Citas
Escultura
Viajes
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Espero a que abran los mostradores de facturación. A mi derecha una pareja de chinos reorganiza una enorme maleta. La mitad está ocupada por latas de Kas Limón empaquetadas de seis en seis A la izquierda un hombre mira en el teléfono la prórroga del partido del Inter contra el Barcelona. Llega ahora su mujer que se sienta entre él y otro hombre que habla por teléfono al estilo tostada. He cenado una hamburguesa en el único restaurante abierto en la T1: un Burger King. He pagado a precio de menú una hamburguesa blanda y un botellín de agua. Ni siquiera me han puesto un vaso de plástico, un cubierto, una bandeja o una miserable servilleta de papel. El suelo estaba sucio, lleno de los recibos que hay que retirar para que luego te sirvan el pedido. Miro por la ventana que da al pasillo de la terminal, y recuerdo a Gustavo Fring, el dueño de “Los Pollos Hermanos”, en la escena de Better Call Saul en la que obliga al pinche a fregar de nuevo la freidora, a pesar de que está limpia.

Air China no abre todavía. Paseo por la terminal donde ya están tumbadas algunas personas que viven aquí. Todas tienen una o dos maletas, mantas, alguna almohada. Una pareja ya está dormida; se abrazan amorosamente haciendo la cuchara. Hay dos hombres y una mujer charlando entre dos columnas. Tienen aspecto de haber abandonado la droga hace poco o de estar simplemente entre pico y pico. Otra pareja ha hecho una especie de refugio volcando un medidor de maletas rojo. Es una especie de habitación sobre plano. La pared, una columna y otra pared metálica con los hierros hacia fuera. Me he cruzado tres o cuatro veces con un hombre mayor, deshecho, que empuja un carro con dos maletas y unas bolsas de plástico. Va y viene de la T2 a la T1. 

Como han retirado los bancos de la terminal camino de aquí para allá haciendo tiempo hasta que doy con la capilla del aeropuerto. Me siento en el último banco. la lámpara del sagrario está encendida. A su izquierda hay un relieve de san Josemaría Escrivá de Balaguer. A mi amigo G. no le gustan los bustos con gafas. Dice que no funcionan. Refugiado en la capilla, leo a Roland Barthes: “Estar con quien se ama y pensar en otra cosa: es de esa manera, como tengo los mejores pensamientos, como invento lo mejor y más adecuado para mi trabajo”. Me distrae la puerta que se entreabre: un hombre hace una genuflexión, se santigua mirando al sagrario y cierra enseguida. Viene después otro hombre que cuando me descubre al fondo, exclama – ¡Ah! -. Repuesto de la sorpresa, mira su reloj y añade: -Vamos a cerrar-.  De nuevo en los pasillos de la terminal descubro un banco de tres plazas, pero ya está ocupado. Una mujer está recostada en dos asientos y el tercero lo ocupa la estatua sedente de un hombre barbudo, tan mal colocada que sus pies no llegan a tocar el suelo.

Paseo de madrugada junto a los mostradores cerrados de las aerolíneas a cuyos pies duermen indigentes que aún no son noticia, y recuerdo el tiempo en el que algunos aeropuertos tenían terrazas desde las que podían verse los aterrizajes y los despegues como lo que eran: un espectáculo.

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El edificio y los sentidos

Citas
Estados
Libros
Mientras tanto

«… por cuanto la ruina de los cimientos lleva necesariamente la de todo el edificio, me dirigiré en principio contra los fundamentos mismos en que se apoyaban todas mis antiguas opiniones.

Todo lo que he admitido hasta el presente como más seguro y verdadero, lo he aprendido de los sentidos; ahora bien, he experimentado a veces que tales sentidos me engañaban, y es prudente no fiarse nunca por entero de quienes nos han engañado alguna vez».

Meditationes de Prima Philosophia

Descartes


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San Juan de Moarves y el perro Purruski

Arquitectura
Blogs y Webs
Citas
Escultura
Estética

He venido a Moarves solo por ver otra vez el color de la portada. La última vez, el viejo que explica la iglesia estaba sentado en el poyo de la casa de enfrente. Serían las siete de la tarde y la luz era ya rasante. Charlamos un rato y me explicó el apostolado como quien explica una huerta. -Y a la derecha Sansón y a la izquierda un negro-. 

Luego he sabido que está en el hospital. Ni bebe, ni fuma, ni nada, pero está en el hospital. 

Aquel día, después de media hora de conversación y cuando ya creí tener todo a mi favor, le pedí que me abriera la iglesia: -No, que es lunes-. Me dijo con una sonrisa de te tendrás que joder.

Así que me quedé un rato más mirando “la encendida encarnadura” de la portada de la iglesia de San Juan Bautista. La piedra está teñida. Me quedé con esa idea entonces, pero ahora no encuentro ninguna referencia. Quería escribirle a Himari para decirle que no somos tan distintos: que si los muros del templo de Ryōan-ji en Kioto están teñidos con aceite, la fachada de Moarves lo está también con alguna tintura. No he dado ni con una cosa ni la otra. 

El conjunto del arco y el friso escultórico protegido por el alero volado tiene un aire oriental. Si haces un pequeño ejercicio de abstracción, casi es una pagoda sin fondo ni altura. He venido por el color y me he quedado por la forma. O por una sinapsis equivocada.

He cruzado después la carretera P-227 que parte el pueblo. De este otro lado está la antigua escuela. Por la ventana se ve una cabina de votación y unos bancos apilados.  Cerca hay varios vecinos alrededor de 2 coches. Uno, cuando salía de un pajar marcha atrás, ha chocado con otro. Veo un parte amistoso y una mujer intenta recordar en qué compañía está asegurado el coche de su marido. En el otro, hay un perro que no deja de ladrar. ¿Por qué no lo sacan? La dueña le dice que se calle. -¡Calla, no se qué!-. Un diminutivo tan feo como el animal. ¿Tú te imaginas ser un perro y que te digan ¡Calla Purruski!? Yo qué me voy a callar. Contento que no te salte al cuello por pedirme que me calle, mientras me tienes encerrado en un coche con las ventanillas subidas y rodeado de una docena de personas que miran un bollo en el lateral izquierdo. 

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La calle Fuencarral

Arquitectura
Estados
Fotografía

La iglesia más pequeña de Madrid es el Humilladero de Nuestra Señora de la Soledad. Tiene 40 metros cuadrados y ya no se celebran misas. Antes sí, pero ahora, entre que la acera es muy estrecha y que hay mucho tráfico, pues no. De la cercana iglesia de san Ildefonso, vienen a recoger las monedas que dejan los fieles delante de un cuadro de la Virgen al que tienen devoción.  Hace unos años pasé por delante del portón abierto y me extrañó encontrarme al papa Francisco junto al altar. Ni siquiera sabía que estaba en España. Me detuve un momento y le fotografié. No pareció molestarle. Me moví un poco para cambiar el ángulo y entonces vi el borde del cartón pluma.

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Chiesa Santi Domenico e Sisto

Arquitectura
Estados
Estética

Entró una monja encogida y negra. No tendría 40 años. Se encorvó un poco más cuando me vio en la entrada. Llevaba una bufanda blanca sobre el hábito negro. La puerta estaba bien engrasada y no hizo ruido; solo sentí el aire desplazado que parecía tener las mismas proporciones que la hoja: un rectángulo alto y frío que me atravesó durante un momento.

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Qué fue de la literatura

Blogs y Webs
Citas

‘Si abrimos, por ejemplo, un libro de texto de Lengua Castellana y Literatura de la ESO nos encontraremos con que la literatura aparece definida como el arte de expresar emociones. Sin embargo, hasta la formulación inicial de la Estética por élites ilustradas del partido Wigh británico (anti-católico de manera psicótica) como Shaftesbury, la literatura era considerada, desde una perspectiva neo-aristotélica, como lo que realmente es: un modo de conocimiento indispensable para la vida humana y una de las mayores muestras de ejercicio de la razón. Scaligero o Pinciano situaban en el s. XVI a la literatura como la madre de todas las ciencias por su capacidad de alumbrar nuevas realidades y escudriñar lo particular de manera universal. La literatura no tenía como función primaria expresar sentimientos o ser una plataforma para la evasión, sino que era una manera de ejercitar el ingenio e indagar de manera meticulosa la realidad, hasta el punto de que ciencia y literatura estaban intrincadamente unidos en base al valor epistémico de la ficción (indispensable para la ciencia vía experimentos, ficciones médicas, etc.). Solo la llegada de la Ilustración y su razón instrumentaldesterrará a la literatura al ámbito de lo cosmético y meramente sensorial, despojándonos así a nivel teórico de su capacidad de discernimiento. Toda la mitología sentimentaloide que rodea nuestra concepción actual de lo literario y el arte busca, por eso, su despolitización y conversión en un inofensivo objeto de entretenimiento que sirve más para proyectar ilusoriamente nuestro ego que para someterlo a un ajuste con la realidad. Si la literatura está actualmente en crisis y quiere ser expulsada de los currículos es porque no cumple estas funciones sentimentales que se le atribuyen, más propias de WhatsApp o Tik-Tok”.

El fantasma de la libertad

David Souto Alcalde

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Sobre víctimas

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Libros

«Por su propia fuerza, el dispositivo victimista tiene la palabra sin mediación alguna, está presente para si mismo y no necesita de verificaciones externas: frente a una víctima real, sabemos enseguida qué sentir y pensar. De este estatus se apropia el líder victimista (y a menudo también el líder de las víctimas), transformando, por transferencia analógica, una desventaja en ventaja: ¿cómo podéis debatir acerca de mi dolor, de mi inocencia, de mis prorrogativas? Yo soy irrebatible, estoy por encima de toda crítica, soy dueño y señor de vuestra mirada y de vuestras palabras. No tenéis derecho a cualquier tipo de enunciados; solo a los que me son favorables, so pena de degradaros en verdugos.

La palabra de la víctima, absoluta por incensurable, es el disfraz más astuto del que Lacan llamaba «el discurso del patrón»: un discurso que, sobre la base de una norma fundada solo en sí misma, pero suplementada por el derecho al resarcimiento del que la víctima goza, impone el tono de la réplica, fija el contexto, dicta los términos de la confrontación y prohíbe que se cambien por el (supuesto) bien del interlocutor. El patrón, ha escrito Slavoj Zizek, comentando a Lacan, «es el que recibe dones de manera tal que quien da perciba la aceptación de su propio don como un premio». No se trata, pues, de un «sé bueno y dame la razón», sino más bien de un «dame la razón y serás bueno»».

Crítica de la víctima

Daniele Giglioli

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El salvavidas de Cioran

Citas

«Todo problema profana un misterio; a su vez el problema es profanado por una solución».

Cioran

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Arbus en el hotel

Cine
Fotografía
Libros
Sueños

«Estoy en un enorme y precioso hotel blanco y adornado que está en llamas, condenado, pero el fuego arde tan lentamente que a la gente todavía se le permite entrar y salir libremente. No puedo ver el fuego, pero el humo flota por todas partes, especialmente alrededor de las luces. Es terriblemente bonito. Tengo prisa y tengo muchas ganas de fotografiar. Voy a nuestras habitaciones a buscar lo que debo guardar y no lo encuentro, sea lo que sea. Mi abuela está por ahí, quizá en la habitación de al lado. No sé qué estoy buscando, qué debo salvar, cuándo se derrumbará el edificio, qué debo hacer, durante cuánto tiempo puedo fotografiar. Quizás ni siquiera tengo película o no encuentro mi cámara. Me interrumpen constantemente. Todo el mundo está ocupado y deambulando, pero todo está tranquilo y un poco lento. Los ascensores son dorados. Es como el Titanic que se hunde… Estoy llena de alegría pero ansiosa y confundida y no puedo llegar a fotografiar. Toda mi vida está ahí. Es una especie de éxtasis tranquilo pero dolorosamente bloqueado, como cuando nace un bebé y las enfermeras te piden que esperes porque no están preparadas. Estoy casi abrumada por el deleite, pero atormentada por sus interrupciones. Hay cupidos tallados en los techos. Quizás no pueda fotografiar si guardo algo, incluida la cámara y a mí misma. Estoy extrañamente sola, aunque hay gente por todos lados. Siguen desapareciendo. Nadie me dice qué hacer, pero me preocupa estar descuidándolos o no hacer algo que se supone que debo hacer. Es como una emergencia en cámara lenta. Estoy en el ojo de la tormenta».

Revelations

Cuaderno de sueños de 1959 (nº1)

Diane Arbus

 

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Empel

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Citas
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El hombre que cuida la capilla de Empel habla un inglés que puedo entender. Su acento es muy malo y eso ayuda. Sentados frente a frente, miramos hacia afuera, llueve mucho y ahora no hay peregrinos. Le pregunto por unas botas militares que están colgadas de la verja. Las dejó hace un par de días un español. Una especie de ofrenda. Como el hombre es un tipo educado no me dice cuándo, pero las va a quitar. A quién se le ocurre colgar unas botas de la reja de una capilla.

Le pregunto si se dejaría fotografiar. No tengo éxito. Charlamos un rato más y me dice que se va a comer. Volverá a las cinco para apagar las velas que hayan encendido los fieles. Como no hay forma de trabajar afuera, repaso el libro de visitas.

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Soñar con benceno

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“Fue August Kekulé, un químico alemán que trabajaba en Londres, el que desentrañó finalmente el misterio. Escribió: Una bonita tarde veraniega volvía a casa como siempre en el último autobús del día, que circulaba por las calles desiertas. Caí en una ensoñación y ,zas, ahí estaban los átomos retozando delante de mí. (…) El grito del conductor, «¡Claphars Road!», me despertó y concluyó mi sueño; pero pasé una buena parte de la noche pasando al papel al menos algunos esbozos de las formas que vi en sueños.

Sin embargo, la estructura del benceno siguió resultando escurridiza. Trabajó muchos días hasta bien entrada la noche tratando de dar un sentido a estos diagramas hasta que finalmente otro sueño desveló el secreto:

Puse la silla frente al fuego y me quedé adormilado. Ahí estaban de nuevo los átomos danzando ante mis ojos […] a veces algunas sartas se acomodaban más estrechamente, hermanándose y enroscándose como una serpiente. Pero ¡mira! ¿Qué es esto?

Una de las serpientes se había mordido la cola y se arremolinaba burlonamente ante mis ojos. Y entonces una especie de relámpago me despertó”.

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Elegir

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“Acuérdate, pues, ante cualquier cosa que te impulse a la tristeza de usar este precepto: «No es que sea esto un infortunio, sino que el sobrellevarlo noblemente es una suerte»”.

Epicteto

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