
El museo exhibe una colección de prendas Boro.
El texto del catálogo dice más o menos:
No hace mucho tiempo las japonesas se hacían su propia ropa. La crudeza del invierno en algunas áreas del país, hacía que esa ropa llegara a ser más importante que la comida, de manera que no se perdía ni un solo hilo. Se usaba la misma ropa a través de muchas generaciones, parcheada con retazos de tela y haciéndola más gruesa. Si la prenda resultaba ya inutilizable se rasgaba para obtener hilos con los que hacer nueva ropa. Con el tiempo aparecieron patrones de diseño, las técnicas se refinaron y nació un cierto sentido de la estética.
Boro, está ganando reconocimiento internacional en la escena del arte actual.
Aunque la traducción es “en mal estado” no es fácil encontrar ropa tan poderosa y hermosa como esta . Se puede sentir el calor de la costura. los deseos, la fuerza, la sabiduría quienes cosían y su posible sentido de la belleza. No importa la crudeza de la vida, vivieron una vida de amor. No importa si vivieron una vida miserable porque sabían cómo sobrevivir con alegría. simplemente disfrutaron creando para sí mismas con recursos limitados, sin perder ni un solo hilo. Ahora, después de tanto tiempo, Boro ha llegado a representar lo opuesto a la cultura de consumo: no contiene residuos, sólo «amor» para la familia, algo que dura para siempre. Boro, lo que está en mal estado y a la vez es tan hermoso, parece hacernos las preguntas fundamentales de la vida en un mundo moderno.














