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Passy en invierno : Fotografía

Gabrielle Duplantier, Itoiz y el padre Tomás

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12277310_715742928562987_494919476_n12309238_715742911896322_944714282_nMucho antes de que desapareciera bajo las aguas del pantano, el único vinculo que me quedaba con la fe era la iglesia de Itoiz o por mejor decir la misa de los domingos. Iba por el cura. Porque era un tipo que sabía hablar a los vecinos de un pueblo perdido que no estaba en los planes de nadie. No les contaba nada especial pero hacía dos o tres cosas que convertían la misa en un momento agradable: dejaba la puerta abierta, un portalón románico, a mano derecha según se mira al altar y así, el ritmo de la naturaleza entraba en la templo.. Recuerdo un domingo de primavera. Durante la mañana el cielo se había cubierto y para el evangelio comenzó a tronar. Cuando el cura levantó la hostia en la consagración, en ese momento exacto, un rayo cayó a pocos metros de la iglesia. Nadie se inmutó; como si todos entendiéramos que aquello era parte del misterio o del no-misterio.

El sermón parecía siempre el arranque de una charla -jamás había un reproche cristiano- que se prolongaba en el atrio, terminado el oficio. Entonces alguien sacaba un paquete de tabaco. Creo que el cura fumaba Ducados. Sentados en el poyete, a cubierto, frente a Aldunza y muy cerca de donde el Irati y el Urrobi unían sus aguas, encendíamos unos cigarrillos y hablábamos un rato en ese límite arcaico entre lo sagrado y lo profano.

Me acuerdo de todo esto mientras miro unas fotos de Gabrielle Duplantier a las que he llegado por los inescrutables caminos de Facebook. El cura parece el mismo, Tomás Armendáriz. P. y A. me dicen que no es él. Incluso el relato de Gabrielle me hace dudar, pero quiero creer que sí lo es.

Gabrielle me cuenta que llegó a Itoiz cuando empezó su serie de fotografías del País Vasco. Ella había oído hablar de la presa ya construida y de la intensa oposición de los pueblos que iban a quedar sumergidos. Le resultó difícil encontrar Itoiz, porque todas las señales habían sido retiradas, destrozadas o cubiertas con pintura negra. Era –dice- un camino fantasma. “Afortunadamente la iglesia estaba abierta. Una joven del pueblo que estaba allí, en la explanada, nos dijo que solo vivían y trabajaban 3 familias. Se habían sentido traicionados por el Gobierno del que no habían recibido ninguna información sobre la fecha de en la que comenzaría el llenado del embalse y parecía no preocuparse por el reacomodo de sus habitantes. Sus hogares y sus tierras se perderían. Era día de misa, el sacerdote llegó, especialmente de Pamplona para los vecinos. Después de tomar una fotos, nos pidieron, que saliéramos y cerráramos la puerta”.

No hay más. Todo está 200 metros bajo el agua y no es bueno mirar al pasado. Tampoco miro con gusto las aguas del pantano. No hay nada que ver. Solo recuerdo los cigarrillos en el atrio, las golondrinas trisando en el poche Nagore, la poza donde Goñi, el puente colgante de maderas podridas, el canal seco recorrido a pie y el rayo en el momento exacto de la consagración. No hay más. Lo que había me lo ha devuelto Gabrielle con unas fotos.

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De Middel / Sugimoto

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Bir Hakeim, Línea 6

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paris-photo-201520151114_149(14 Nov. 15) El mercado del boulevard  Grenelle sí está cerrado. Los toldos recogidos y el andén sobre el que pasa la línea 6, casi desierto. En la estación de Bir Hakeim no hay público. El cartel del anuncio de la exposición en el Jeu de Pomme, es una lona solitaria. El museo también estará cerrado. Las columnas que sujetan el puente tienen capas y capas de pintura plateada. A veces, cuando las ilumina el sol, parecen copias fotográficas a la antigua.

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Los refugios

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(13 nov. 15) Polycopies se ha convertido en una especie de refugio. Los dos barcos están amarrados en el puerto de Solferino, no muy lejos del pont des Arts. Hay con quién conversar, libros para comprar y otros con el letrero de sold out. En la orilla izquierda todo parece normal. A pesar de la tragedia y en una extraña contraposición con los informativos franceses y españoles, las galerías permanecen abiertas y también los cafés. Berthet- Aittoaures tiene una hermosa colección de Giacomelli. Algunas de las fotos que presenta son poco conocidas y muy abstractas. Enfrente, en la Palette, el personal llena el interior y la terraza a la hora del almuerzo. En la minúscula cocina un hombre y una mujer se afanan con las tortillas de hierbas, Sobre el aparador del pasillo un pinche aliña las ensaladas con salsa de mostaza. Nadie mira el televisor. Desde las cristaleras, al calor de un café, todo parece ir bien.

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Fukase; una tarde de lluvia en el museo Amuse

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japon-miguel_391-2El templo de Senso-Ji se ve muy bien desde la terraza del museo Amuse. Uno puede subir al último piso y sin que nadie le diga nada, sentarse en un silla de plástico y disfrutar del panorama. Las nubes vuelan por encima de la torre casi tan bajas como los cuervos.

Los cuervos en Japón son muy grandes. Aquí te haces a la idea del libro de Masahisa Fukase. No de sus razones, sino de la facilidad de alcanzar el objeto: hay quien piensa que Fukase habla de la guerra y quien cree ver en sus fotografías, la sombra del desengaño amoroso. El caso es que los graznidos te acompañan siempre, vayas donde vayas. Resulta agradable y a la vez un poco siniestro. La mezcla de templos y cuervos, por ejemplo, es muy apropiada porque ayuda a la introspección. No aquí arriba, en la terraza. Desde esta altura, todo se ve de manera más despreocupada. Va a llover. En el cuartel de bomberos de al lado, el jefe de guardia forma al retén, les dirige unas palabras y manda romper filas. Luego bajan las persianas de las cocheras. Son las 5.

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A las puertas del templo Senso-Ji

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Castillos en Japón

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La librería de donde proviene se abrió en Tokio hace 130 años.

Aquí, un ejemplar completo, aquí, toda la colección y esta, la distancia que recorrió el libro para llegar a otra librería, cerca de casa.  Dame papel

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photogrammar

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la universidad de Yale y la fotografía

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Take me a photo

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“Take me a photo”. Me pide un joven sentado en un poyete. Tiene unos rasgos proporcionados, la tez oscura y la barba de una semana. Parece alegre. Detrás de él, la pared neutra de la casa ayuda a la imagen. Hace un día nublado; hay una luz difusa y no tiene que entornar sus enormes ojos para mirar al objetivo. Luego me siento junto a él para mostrarle el resultado en la pantalla.

Cuando un desconocido te pide que le fotografíes es muy difícil que el resultado sea interesante. Esas fotos sirven para otros propósitos: uno puede después charlar con la persona retratada acerca de cualquier cosa. Tal vez haya oportunidad de hacer una mejor o de escuchar historias interesantes

En este caso no las hubo. Un hombre grande, se acerca a grandes zancadas hacia nosotros. Me pregunta algo que no entiendo, aunque sé qué dice: me pide que elimine la imagen. Le explico como puedo qué ha sucedido. Se dirige al joven y le pregunta de dónde es. “I am Syrian”. Entonces, le pide que, a su vez, me exija el borrado de la foto. “No photo. Finish photo”. Me dice el joven. La borro delante del hombre de seguridad y me quedo con el joven sirio, intentando una conversación.

El hombre de seguridad vuelve para pedirme que le acompañe. Para entonces ya sé que en la casa hay un centro para refugiados, El hombre me señala un cartel colocado detrás del cristal de la puerta a la que se llega después de subir 6 u 8 peldaños. Se prohíbe tomar fotografías. El hombre lo señala y le digo que me parece bien que en el edificio coloque los carteles que quiera pero que la vía pública es otra cosa; que si quiere ayudar a la seguridad de los refugiados, coloque un cartel en la acera.

Vuelvo con el joven sirio y al rato, vuelve el hombre de seguridad con su jefa. Tengo que explicarle todo de nuevo y ella llama a un intérprete para que el joven ratifique mi versión. Dice que es verdad, Él me ha pedido una foto. Recurro al traductor de Google: “Comprendo el problema de seguridad de los refugiados. Colaboren ustedes: coloquen el cartel de la puerta en la calle”.

A veces, la protección de los derechos del otro resulta una imposición cuando no una limitación de sus libertades. Aún charlamos un rato. Nos despedimos todos amistosamente, deseándonos suerte. “Germany is good”. Oigo al joven sirio mientras me alejo camino de una barbería turca.

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¿Llega agosto o qué?

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Weegee en Coney Island

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PETA, pasar o no pasar.

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Palcos
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Querida J.:

No creo que haya sido tu condición de mujer la que te ha impedido fotografiar a los chicos del PETA en el callejón de la plaza de toros. Más bien un conjunto de elementos que no desaparecen de la sesera del personal así les pases un estropajo con agua jabonosa.

personas que se encargan del orden en estos acontecimientos tienden a la bonhomía y no exigen un carné profesional o que te hayas acreditado previamente. Luego pasa lo que pasa. Si; ya sé que, de joven, tu ilusión era fotografiar el encierro para la prensa escrita y que tu condición femenina fue la causa de la negativa del periódico. Me contaste quién fue la primera mujer que se subió al vallado cámara en ristre y que semejante acontecimiento no fue hace mucho. Lo sé, pero lo de hoy era distinto. El de seguridad te ha visto como te ha visto: una falda monísima, bolso grande, mi bolsa de plástico en el antebrazo  y una cámara compacta muy buena pero que parece de pin y pon. A tu alrededor los otros fotógrafos iban vestidos como se visten los fotógrafos, además de llevar al cuello unas cámaras grandes y angulares como la cúpula del Vaticano y teleobjetivos que se miden por centímetros. Claro; así no pasas.

No es que no hayas pasado por mujer. No has pasado por mujer, por no ser excesivamente joven, por no tener pinta de lo que eres, por llevar bolso grande y por sujetarme en el peor momento la bolsa de plástico en la que llevaba la alcachofa de la ducha para cambiarla por otra. La cal: ya sabes. Y sobre todo, no has pasado porque da igual de qué acto, procesión o exhibición se trate: a un tipo que tiene un patrón cerebral determinado no puedes pedirle mucho. Da igual que sea socio del PETA o de la Hermandad de la Pasión. ¿Te acuerdas del juguete de Fisher-Price en el que el niño tiene que encajar en cada hueco el objeto con la misma forma? pues aquí lo mismo. Si tienes pinta, pasas. Si no, no. Es lo que comúnmente se llama prejuicio.

Cuando nos marchábamos, mientras le afeabas la conducta al muchacho en cuestión, él ha hecho un amago de disculpa y ha dicho –más o menos y entre dientes- que no sabía cómo distinguir a un fotógrafo de quien no lo es y que de algo tenía fiarse. Era el momento idóneo para darle con el bolso.

Otro día hablaremos de por qué han dado en ser tan recatados los miembros del PETA. De por qué hacen un cordón de seguridad o impiden el paso por los laterales de la manifestación, excepto si eres fotógrafo o pareces serlo, o por qué las chicas se tapan los pezones con esparadrapo (tal vez por Facebook o por el miedo al uso de las imágenes, no lo sé). El caso es que todo tiende a una ultracorrección parecida a las pescadillas.

 

Nos vemos el lunes, supongo,

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Pena de internet y redención por lo mismo

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152Querido L.:

Gracias por las fotografías de criminales que me enviaste hace unos días. La mezcla de fotografía antigua y rostros tamizados por el pasapurés de tiempo, da siempre un excelente resultado. Quien estuviera detrás de este aparato fotográfico sabía manejarlo con profesionalidad. Conocía bien la luminosidad de su objetivo. Así aparecen los rostros de estos hombres y mujeres, enfocados con tanta finura que los hace únicos. Qué hicieron es lo de menos. El retrato los convierte en personas.

El caso es que tu segunda revelación, la de ayer, me dejó más perplejo todavía. Encontrar archivos antiguos y publicarlos, me parece una forma de añadir recuerdo a la estética o viceversa. Sin embargo el acceso directo a la ficha policial contemporánea resulta una depravación diga de un guionista de Robocop.

Ignoraba que uno pudiera acceder a las fotografías de aquellos a quienes se detiene en los Estados Unidos. No sé si sucede en otros países. Se quejan algunos en España de la pena de Telediario e incluso hay quien quiere evitarla por ley. Un chiste comparado con la página electrónica www.jail.com.

La advertencia al pie resulta un monumento al cinismo:

“La información que se facilita en esta web ha sido diseñada para ayudar a los usuarios a adquirir información sobre las detenciones de la cárcel del condado. El uso de cualquier información que se encuentra en este sitio web para otros fines podría ser ilegal. Si bien se cree que la información es fiable, Jail.com proporciona esta información «tal cual «y no da ninguna garantía o garantías en cuanto a su exactitud. Cualquier indicación de que una persona ha sido detenida o retenida no es prueba de culpabilidad o condena por delito alguno. Tenga en cuenta que es su responsabilidad ponerse en contacto con la agencia apropiada para recibir o comprobar cualquier información de este sitio web. (…) Creemos que hacer accesible esta información ayudará a reducir la delincuencia, asistir a las víctimas en el enjuiciamiento de sus crímenes, ayudar a la identificación y restaurar la confianza del público”…

por supuesto si aparecer en un fichero policial expuesto en internet te causa problemas en cuanto a la honra o al prestigio, puedes pinchar debajo de tu foto y www.internetreputation.com te echará un cable por un módico precio. Todo bien.

Nos vemos pronto.

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Que se vele el negativo

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Registro 2505 Fundación Oteiza

 

“De niño comencé mi escultura como fotógrafo, construí yo mi primera máquina, haciendo un pequeño agujero en una piedra, para descubrir distinto lo que veía o lo que no veía bien, era un punto de luz que mi agujero de luz definía en redondo, un fotograma que obtenía de un mundo en la sombra, un instante de comprensión luminosa y espacial. Y terminé de escultor estropeando voluntariamente mi vieja cámara de fotógrafo, al abrir la escultura de mi Caja vacía para que le entrase y se llenase toda de luz”.

Fotografía Vasca y fotomaquia

Jorge Oteiza

Más, Aquí

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Mousse Magazine and Publishing

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John Houck “ij” at Max Wigram Gallery, London

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Crecen los días

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mutilvaYa está. Ya alargan los días. Llego a la oficina mientras amanece y da la sensación de que el año se abre. Pasará lo que tenga que pasar pero con luz. El tipo del monovolumen que aparcaba ocupando dos plazas, respeta ahora las líneas y deja sitio para un segundo coche. Habrá hecho algún propósito.

Ya hablamos de los coches y la fotografía. Siempre quedan cosas que añadir. Dos ejemplos publicados este año pasado: el libro de David Campany, The road trip, del que ya hay una versión en español y que recoge la obra de varios artistas que recorrieron los Estados Unidos tomando estupendas fotografías; desde Robert Frank a Tayo Onorato y Niko Krebs. Adelantándose al libro, Campany había dado una estupenda conferencia en la Fundación Mapfre, disponible en internet. El otro es un volumen de Takuma Nakahira poco manejable por su tamaño, 105 x 148 x 65 mm y que está dedicado a los coches y las motos que el fotógrafo encontraba a su paso, cuando salía a pasear en bicicleta al amanecer. Es un precioso “ladrillo” sin matices, Las imágenes parecen fotocopias y por eso mismo, aunque están tomadas entre 1978 y 1980, son tan actuales como lo pudieron ser entonces. Coches de frente, de costado, entre la maleza, junto a un árbol, motos repetidas o con mínimas variaciones; ruedas, faros, algo de trafico y vehículos enfundados, como en aquella foto –precisamente- de Robert Frank, entre dos palmeras.

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