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Passy en invierno Un paseo por el barrio y más allá.

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Deshollinadores

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También en la editorial Sexto piso está publicado un libro del que pueden obtenerse otras enseñanzas. Como se titula Acontecimiento pensé que podría ser un trasunto del suceso como catalizador estético y así es. Slavoj Zizek recorre el concepto desde una gran variedad de puntos de vista: como la Caída o la Iluminación, como los tres Acontecimientos filosóficos, los tres Acontecimientos en el psicoanálisis o el Acontecimiento político.

Zizek dedica su tercera parada al budismo. Un practicante un tanto especial es quien mejor resulta retratado: Ango Sakaguchi propone la autenticidad como la cualidad misma de caer: “dejamos atrás nuestro Yo falso no cuando mantenemos la realidad a distancia, sino cuando caemos en ella completamente, sin reservas”.

No hay muchas más alusiones a lo espiritual. Se impone la filosofía y la cita a Kierkegaard no tiene que ver con el cristianismo. La revelación no tiene un hueco entre estas páginas: santa Teresa asaeteada por el ángel o Saulo en la Caída por excelencia, están excluidos. A cambio, el amor aparece una y otra vez como Acontecimiento supremo, como revulsivo que todo lo cambia.

De vuelta a Kierkegaard, su cita:

“Una persona ingeniosa ha dicho  que uno puede dividir a la humanidad  en policías, criadas y limpiadores de chimeneas. En mi opinión, este comentario no solo es agudo, sino también profundo y haría falta un gran talento especulativo para idear una clasificación mejor. Cuando una clasificación no agota su objeto idealmente, más vale una clasificación aleatoria, porque pone a trabajar la imaginación”.

 

Extra: La tesis decadente de Ango Sakaguchi

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El género, la literatura

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Estimado I.:

Tardé mucho en llegar al hotel y creo que terminé de enfriarme. Desde Neptuno el tráfico estaba interrumpido por una manifestación. No era muy numerosa pero el colapso fue inversamente proporcional. Pasaba por allí y me llamaron la atención los gritos. Algo acerca de tus dientes contra el bordillo.

Patriarcado asesino, decía la pancarta de la cabecera, en referencia a la violencia de género. Detrás, los manifestantes, en su mayoría chicas muy jóvenes enarbolaban carteles con los nombre de las asesinadas en el último año. A la derecha de la cabecera, camina por su cuenta una mujer con una gran coleta cana tirando de un carro de la compra, en el que lleva cajas de cartón con su propia propaganda. En un momento determinado coloca una pegatina en el megáfono de una de las chicas y a esta no le sienta bien.

-¿Así cómo vamos a hacer la revolución, compañera?- Le recrimina la veterana.

La marcha va precedida por 10 o 12 policías, sus furgonetas con las luces de emergencia y una ambulancia. Los agentes caminan como de puntillas mientras escuchan tras ellos qué es ser un hombre

Ya ha caído la noche y hace frío. Se restablece el tráfico y paro un taxi. Hay que dar un largo rodeo porque la Gran Vía está cortada. Hay un desfile de carnaval. El taxista se disculpa porque soy su tercer cliente y es su primer día. En realidad acaba de obtener la licencia y ha contratado a un conductor que se ocupará del coche a partir de mañana. Cree que la cosa será rentable. No le voy a decir yo que todos sus colegas con los que hablo dicen que el negocio es una ruina. Uno me ha dicho esta mañana que va un 10% por debajo de los gastos. A otro le he prestado el móvil porque no actualiza su Tom Tom desde vete a saber cuándo.

Me pitan los oídos en la recepción del hotel. Los recepcionistas están cortados por el mismo patrón: dos jóvenes semi hipsters con pulseras de tela –I love Río-, barba y pelo a la cabaña sujeto con gomina. El registro va lento y me noto las rodillas. El chico se queja soltando aire por la nariz pero esto no acelera el trámite.

Ya no salgo a cenar y saco de la maleta el libro que me vendiste. El título me sonaba de algo. Luego caí. El blog de Juan Carlos Monedero se llama comiendo tierra. Nada más, porque de Branimir Šćepanović no sabía nada.

Dos cazadores pasan la noche en una tienda de campaña cerca del bosque. Va a amanecer. Un hombre que ha sabido que está muy enfermo viaja hacia su lugar de origen para morir. Hay dos planos narrativos que se entrelazan: los cazadores y el enfermo van a encontrarse y a partir de ese momento el relato se convierte en una enorme metáfora que avanza a base de repeticiones.

La idea es sencilla y aunque la escritura no es brillante, el libro se deja leer sobre todo porque el lector encuentra enseguida acomodo entre los personajes del relato o incluso simplemente como eso, como lector, reconociendo el sistema, el bosque, el claro, la noche y el día, el deslumbramiento de la luz, la función de cada sujeto, la del guardabosques o la de los recién casados.

Quizás muy simple; puede ser. Muy del este, si me permites un reduccionismo impropio, teniendo en cuenta que el autor es serbio. Digo muy del este porque, a veces, uno parece verse envuelto en un cuento asiático y, a lo mejor, es así como funciona bien, desplazando las reglas de la escritura hacia el oriente, nuestro oriente del norte, como sucede con las novelas de Bohumil Hrabal.

Tu recomendación y unas décimas de fiebre se han mezclado con el sonido lejano de los fuegos artificiales del carnaval madrileño. Tal vez en RENFE podrán cambiarme el billete de vuelta.

Cordialmente,

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Caligrafía / Tipografía

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Leer un poema es oírlo con nuestros ojos; oírlo es verlo con nuestros oídos.

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Barrio 798

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Las propiedades de los metales

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dipticoEstimado S.:

Como no nos conocemos demasiado, te diré que soy dúctil y maleable; como aquellos metales que estudiábamos en el bachillerato y cuyas propiedades parecían implícitas en los propios adjetivos: dúctil. Maleable. Uno se imagina retorciendo una barra de plomo, seguro de que el objeto no volverá a su estado anterior. Tal vez sea yo un poco así. Me retuerces y me quedo tal cual.

A lo que iba: me enteré hace poco de que dejaste de leer a las primeras de cambio El cura y los mandarines. Si lo hubiera sabido antes, habría hecho lo mismo. Por maleabilidad. Tuve noticias de tu abandono cuando estaba a 60 páginas del índice onomástico. Me quedaba poco en el convento.

Quien me ha avisado de tu rápida deserción, dice que no soportas tanto chascarrillo. No me extraña. Si he aguantado yo, es porque el libro tiene mucha información pero ¡hay que expurgar tanto! Esa manía de no dejar hablar a los hechos; esas ganas de remacharlo todo, de meterse con los apellidos, los lugares de origen o cualquier otra condición inherente al sujeto. Qué cansancio. Tampoco causa alegría que el autor llame tonto al lector cada 2 por 3 o que se queje de quienes insultan a otros por el solo hecho de haberles sobrevivido; él hace lo mismo con todos los difuntos, excepción hecha de Marín-Santos y 3 más.

No me parece que la historia reciente de la literatura española sea para tirar cohetes. Sobran dedos para contar buenas novelas; es verdad. Pero es una pena malograr la historia de las relaciones del poder y la cultura a base de sarcasmos y añadidos inútiles que oscurecen la dureza de los hechos.

No sé si habrás leído las “malditas 11 páginas” relativas a la RAE que llevaron a Lara a rechazar la publicación del libro. Planeta ya tenía hasta la sobrecubierta. No te pierdes nada. Más de lo mismo en lo que le interesa al autor, porque respecto de otros nombres, a Morán le basta con escribirlos junto un adjetivo y tira millas. Así le sale el índice onomástico que le sale, claro.

En fin. Estoy contento. Tenía varias cosas en cola y ya me dan pista libre.

La próxima vez, hazme una señal o algo. Recuerda las propiedades de los metales.

Un saludo,

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Creo que eres un buen hombre

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Como te va ? Soy chica alegre {sociable|sociables|. Me gustaria reunio. Creo que eres un buen hombre. Buscando a alguien en Internet para relacion seria . Tengo intenciones serias . Creo que usted es la persona que estoy buscando. Tengo 34 anos de edad. Quiero hablar un poco acerca de si mismo. Yo no tenia ninguna relacion desde hace algunos anos . Nunca he estado casado y no tiene hijos . Me muchacha amable tranquilo. Me gustaria saber mas sobre usted . Me gustaria saber acerca de su trabajo y sus aficiones . Estare encantado de encontrar intereses comunes. Por favor envíe sus imagenes. Por favor, responda solo a mi personal email:__Espero su respuesta Ekaterina

 
(Gracias L).

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John Houck “ij” at Max Wigram Gallery, London

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Shakespeare en Calais

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Hace unos meses, en noviembre, el bibliotecario de Saint Omer de Pas de Calais, encontró por casualidad un Primer Folio de las obras de Shakespeare, mientras preparaba una exposición de literatura inglesa. Saint Omer tiene más o menos 15.000 habitantes y, como su segundo nombre indica, está casi frente a la costa de Inglaterra. No se sabe si el volumen en cuestión tenía como destino Saint Omer. Tal vez una contingencia hizo que acabara allí. De esta colección de las obras de Shakespeare se publicaron 800 ejemplares aproximadamente, con la idea de recoger de manera definitiva todo su teatro. Hasta ese momento, se habían publicado ediciones de escasa calidad; entre otras, alguna con los textos copiados desde el patio de butacas por “espías” de otras compañías. hay ediciones en la que Hamlet dice:

 

Ser o no ser, ay es el asunto,

Morir,dormir, ¿es eso todo? Ay todo.

No. dormir,  soñar, ay María así es,

Pues en ese sueño mortal, cuando despertamos,

Y puestos frente a un sempiterno Juez,

Del que ningún viajero ha regresado…

 

Todo esto lo cuenta de manera magistral Bill Bryson en un librito que no llega las 200 páginas y que se titula simplemente Shakespeare. El libro es tan breve porque Bryson se atiene a lo que se conoce del autor. O sea, poco. El capítulo titulado «Muerte». lleva a Bryson a visitar la mayor colección de Primeros Folios, reunida por Henry Folger, un hombre que se hizo rico con el petróleo y que luego, dedicó sus días a rastrear cualquier cosa de interés que tuviera relación con Shakespeare. Folger compró primero un facsímil del Primer Folio y pudo comprobar las diferencias con un volumen original. A partir de ahí se hizo con todos los que pudo: todos distintos. Unos tienen menos páginas; otros, añadidos; este está reestructurado  o a aquel se han añadido páginas de otros libros. No hay dos iguales. Como el de Calais al que le faltan 30 páginas.

 

En la seguridad de no encontrar un Primer Folio revolviendo desvanes, siempre queda la alegría de la lectura.

 

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Lezkairu

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Clic

Sueños

Teníamos que haber subido al autobús en un pueblo anterior. Llegamos hasta aquí haciendo dedo, conseguimos adelantarle y ahora estamos esperando en una campa. Hay una curva de radio largo . Creemos estar en el sitio adecuado. Aquí debe parar el autobús pero pasa de largo. Le sigo a la carrera, gritando. No se detiene y se pierde al final de la curva. Mientras cojo aire, tengo tiempo de mirar el paisaje agreste: matorrales, quejigos y hierba agostada.

Soy el único que se sube a un coche para perseguir al autobús. Me siento donde el copiloto y el auto toma velocidad. Voy cuesta abajo. Miro al asiento del conductor y no hay nadie.

Voy cada vez más deprisa hasta que el coche se sale de la calzada y empieza a rozar su lateral izquierdo contra el desmonte vertical de piedra viva. Pega una y otra vez. Esto es bueno y malo: no sé cómo voy a acabar y al mismo tiempo el coche va reduciendo su marcha. Al fondo veo las luces de un control de policía. Solo ahora me doy cuenta de que no llevo cinturón. Con la violencia de los golpes, me cuesta mucho ponérmelo. El cierre hace clic cuando el coche se detiene por sí mismo, delante de un guardia que hace la señal de alto.

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Crecen los días

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mutilvaYa está. Ya alargan los días. Llego a la oficina mientras amanece y da la sensación de que el año se abre. Pasará lo que tenga que pasar pero con luz. El tipo del monovolumen que aparcaba ocupando dos plazas, respeta ahora las líneas y deja sitio para un segundo coche. Habrá hecho algún propósito.

Ya hablamos de los coches y la fotografía. Siempre quedan cosas que añadir. Dos ejemplos publicados este año pasado: el libro de David Campany, The road trip, del que ya hay una versión en español y que recoge la obra de varios artistas que recorrieron los Estados Unidos tomando estupendas fotografías; desde Robert Frank a Tayo Onorato y Niko Krebs. Adelantándose al libro, Campany había dado una estupenda conferencia en la Fundación Mapfre, disponible en internet. El otro es un volumen de Takuma Nakahira poco manejable por su tamaño, 105 x 148 x 65 mm y que está dedicado a los coches y las motos que el fotógrafo encontraba a su paso, cuando salía a pasear en bicicleta al amanecer. Es un precioso “ladrillo” sin matices, Las imágenes parecen fotocopias y por eso mismo, aunque están tomadas entre 1978 y 1980, son tan actuales como lo pudieron ser entonces. Coches de frente, de costado, entre la maleza, junto a un árbol, motos repetidas o con mínimas variaciones; ruedas, faros, algo de trafico y vehículos enfundados, como en aquella foto –precisamente- de Robert Frank, entre dos palmeras.

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Beijing

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